sábado, 22 de marzo de 2014

Fargo (1996)

CURSO 2013-2014. SESIÓN 6

Título original: Fargo.
Fecha de Emisión: 28 de Marzo de 2014, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros de la comunidad educativa del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.
Película no recomendada a menores de 18 años.




SINOPSIS

Un hombre apocado y tímido, casado con la hija de un millonario que le impide disfrutar de su fortuna, decide contratar a dos delincuentes para que secuestren a su mujer con el fin de montar un negocio propio con el dinero del rescate. Pero, por una serie de azarosas circunstancias, al secuestro se suman tres brutales asesinatos, lo que obliga a la policía a intervenir.

TRÁILER




CRÍTICA



Aunque no sea un género o siquiera un subgénero, existen muchas películas que se basan en que lo planificado salga mal, que las cosas se vayan de las manos y se cree un irrefrenable efecto bola de nieve. Así sucede en ‘Fargo’ (1996), donde parece que a los creadores, Ethan y Joel Coen, al contrario que a Hannibal Smith y asumiendo la ley de Murphy, les encante que los planes salgan mal. La intención de organizar cualquier historia a lo largo de este tobogán de desdichas, además de garantizar el aporte de grandes dosis de acción, suele ser demostrar las ironías del destino, el absurdo del comportamiento humano o la dificultad para tomar las riendas de nada. Por lo tanto, el tono de comedia negra que escogen los hermanos puede ser el más idóneo para narrar la espiral de violencia en la que se convertirá una treta que aparentaba ser inocua.

Tras una serie de films que se podrían calificar de manieristas, los Coen dan un giro formal con su sexto largometraje, que está realizado con un estilo más comedido que los anteriores, como pide el tono de su contenido. Esta madurez estética no significa que pierdan la marca de autor, renuncien a la estilización o que nos encontremos ante encuadres y movimientos de cámara anodinos, pues muchos de sus planos de fondo nevado han quedado como algunos de los más destacados del momento. Ha permanecido asimismo en el recuerdo la música original de Carter Burwell, colaborador habitual de los directores y guionistas. Bajo el pretexto de basarse en hechos reales –que más tarde confesaron que no eran tales–, los de Mineápolis consiguieron con este paso adelante que finalmente se les prestase atención desde el Hollywood que los menospreciaba y apelar a un rango de espectadores más amplio que el de sus previos trabajos. Así, fue nominada a siete Oscar, de los que obtuvo el de mejor actriz y mejor guion original.


En los diálogos reside el detalle más notorio de ‘Fargo’, con ese retrato de la América profunda, de seres apenas articulados, cuyas muletillas como “yeah” y “Jeez” se repiten en cada intervención o constituyen la única palabra emitida en cada ocasión. Estos habitantes sencillos sufren al mismo tiempo un retrato despiadado y un homenaje, a los cual es sometida también la vida campestre, en ese reflejo cargado de detalles y hallazgos –por ejemplo, la monstruosa estatua del leñador que da entrada al pueblo–. Los Coen se ceban con sus personajes hasta robarles casi por completo el cerebro o la capacidad reflexiva, pero también los quieren y celebran sus idiosincrasias. La escena en la que el agente pregunta al dueño del bar y este le relata los hechos, como quien cuenta un chiste, sin dar pie apenas al saludo, es un claro ejemplo de esta semblanza que, por encima de los raptos y asesinatos, supone el componente principal del film.

La defensa de la apacible vida de pueblo queda patente en la superioridad moral del personaje de Frances McDormand, cuyas palabras maternales de una de las secuencias finales expresan las intenciones de los creadores. La sheriff se ha ocupado de resolver estos asesinatos mientras atendía a asuntos ajenos a la cuestión, en lugar de dejarse la piel como harían los detectives de series y thrillers, que se toman cada caso como algo personal. Por otra parte, su retrato no es el heroico de otros investigadores, con capacidades casi sobrehumanas y una gran dosis de superioridad con respecto al pueblo llano, sino que es una más y se aferra a las misma muletillas que emplean todos sus paisanos. Desde esa implicación meramente profesional, esta mujer embarazada es la más capacitada para dar la sentencia que lo deje todo en su sitio. El punto de vista de la cinta adopta esta perspectiva despegada de la investigadora, lo que hace que ‘Fargo’ no pueda disfrutarse como un policíaco, sino como otra cosa.


Exceptuándola a ella y a su entorno –el marido es un auténtico santo–, el resto de los personajes, cada uno a su manera, se mueven en esos tonos grises que no los definen ni como buenos ni como malos. De cierta forma, todos son víctimas, pero en cierto modo también son todos verdugos, incluso los que simulan ser más honrados. A todos los motiva la codicia y el egoísmo. Dentro de este retrato nada maniqueo de los personajes, el más interesante es el protagonista, interpretado con su característica sobriedad por William H. Macy, ya que es quien aparenta ser más inocente o más víctima, pero es quien desata todo el huracán de calamidades. Es un hombre cobarde, que vive atenazado, no ya por su mujer, sino por su suegro y que, con una actitud pasivo agresiva, trata de salirse con la suya sin afrontar nunca de cara los problemas. La película tiene como propósito, además de lo ya señalado, criticar esta actitud taimada.

Al igual que a los personajes de Steve Buscemi y Peter Stormare se les va la mano con la violencia, aventuraría que lo mismo les sucede a los autores, cuando introducen una crueldad que no viene a cuento. No me refiero a que haya demasiada crudeza o sea necesario el reblandecimiento para evitar herir sensibilidades. A lo que me refiero es a salidas de tono, a reacciones poco verosímiles. Si lo percibimos todo dentro del tono cómico que se ha planteado desde el principio para demostrar el absurdo del comportamiento, sí debería encajarnos, aunque para ello hayamos de dejarnos llevar por el entusiasmo que nos producen el resto de los ingredientes de la película. Pero si analizamos cada uno de los pasos que dan estos matones, algunos pueden estar motivados por la desesperación o la torpeza, pero otros no los justifican ni esas razones. Esto podría deberse al tono caricaturesco que adoptan los Coen quienes, por mucho que se pongan de parte del pueblo, no dejan de situarse por encima, lo que también crea un distanciamiento a la hora de comprender hechos o decisiones.


No podemos olvidar lo que supuso ‘Fargo’ en el año de su estreno. La generación que comenzaba a disfrutar del cine en aquel momento encontraba esta opción gamberra como algo exclusivo suyo y excluyente para los mayores y gracias a eso se convirtió en uno de los títulos de su década. La estela abierta por Tarantino, en la que los personajes sostenían largos diálogos que no necesariamente cumplían un propósito dentro del film o donde las escenas podían obedecer a algo más que añadir información sobre una trama, encuentra aquí una posibilidad muy diferente, pero dirigida a un público con ganas de disfrutar de una manera similar. Dieciséis años después, los que entonces éramos jóvenes, tenemos que preguntarnos si el efecto que nos produce sigue siendo el mismo.

Ya he comentado otras veces que de los Coen me gustan mucho algunas cosas y nada otras. Y, a riesgo de encontrar incomprensión –aunque no se comparta, no debería ser algo que llamase la atención o crease rechazo–, confesaré que lo que menos me convence de ellos es su humor. Encuentro sus dramas magistrales casi en su totalidad y de ellos me gusta su saber hacer, tanto para contar historias, crear personajes y dialogar, como para poner en imágenes. Pero no me suelo reír con sus gracias. En el caso de ‘Fargo’, película que se encuentra a caballo entre ambos tratamientos, me debato igualmente entre las dos conclusiones. Por mucho que comprenda la intención de demostrar el absurdo y sepa que, por ello, no tengo que buscar explicaciones racionales o perfectas a todo, encuentro que algunas de las escenas rompen la tuerca al darle una vuelta de más. Claro que por encima de todo esto está un espléndido retrato de actitudes, diálogos y relaciones pueblerinas representado gracias a unas incontestables interpretaciones del reparto al completo. El tono de comedia se torna negro por las ironías –destriparía mucho si señalase el incidente que mejor las pone de manifiesto– que el destino reserva a casi todos los personajes.

Beatriz Maldivia. (blogdecine.com)

domingo, 16 de febrero de 2014

Blade Runner (1982)

CURSO 2013 -2014. SESIÓN 5

Título original: Blade Runner.
Fecha de emisión: 28 de Febrero de 2014, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros de la comunidad educativa del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.




SINOPSIS

A principios del siglo XXI, la poderosa Tyrell Corporation creó, gracias a los avances de la ingeniería genética, un robot llamado Nexus 6, un ser virtualmente idéntico al hombre pero superior a él en fuerza y agilidad, al que se dio el nombre de Replicante. Estos robots trabajaban como esclavos en las colonias exteriores de la Tierra. Después de la sangrienta rebelión de un equipo de Nexus-6, los Replicantes fueron desterrados de la Tierra. Brigadas especiales de policía, los Blade Runners, tenían órdenes de matar a todos los que no hubieran acatado la condena. Pero a esto no se le llamaba ejecución, se le llamaba "retiro".

TRÁILER




CRÍTICA



Hablar de ‘Blade Runner’ es hacerlo de varias cosas. Es hablar de la magia del cine, es hablar de arte, es hablar del ser humano, es hablar de una experiencia que transforma al espectador. Hace unos días, tuve la santa suerte de poder ver, en una sala de los Kinépolis de la ciudad de Granada, esta extraordinaria película que dirigió Ridley Scott a partir de una novela de Philip K. Dick. La había visto ya, si no recuerdo mal, cinco veces, pero jamás de esta forma, en pantalla grande y con una calidad de sonido y de imagen sencillamente inmejorables. ‘Blade Runner’ es una película que se enmarca tanto en la ciencia ficción como en el cine negro, terrenos ambos donde camina con paso firme y ejemplar, pero sobre todo es una visión pesimista y trágica de la condición humana.

El ser humano está en declive, muerto; esto es lo que ponen de manifiesto sus creaciones más perfectas, unas “máquinas” que se han desarrollado hasta tal punto que, en contraposición con las personas “reales”, quieren vivir intensa y eternamente. Gracias al precioso envoltorio de ciencia ficción, ‘Blade Runner’ plantea de forma fascinante una pregunta que siempre nos ha acompañado: ¿qué nos hace humanos? Lo orgánico ha perdido todo su sentido y las gentes deambulan sin sentido por calles ruidosas y superpobladas donde la lluvia refleja perfectamente el estado de ánimo que el film quiere transmitir. La fantástica banda sonora de Vangelis, la increíble visión de Scott y unos actores en estado de gracia logran que nos quedemos totalmente pegados a la butaca, independientemente de las veces que hayamos viajado hasta el barroco futuro de los replicantes.


El argumento de ‘Blade Runner’ (1982) se centra en Rick Deckard, un policía especializado en cazar replicantes. Los replicantes son algo así como robots biológicos, seres humanos artificiales, creados para cumplir las tareas que los hombres ya no quieren hacer, en lugares donde se necesita una mayor mano de obra. Las nuevas generaciones de replicantes, los Nexus-6, han empezado a desarrollar emociones y llegan a cometer crímenes contra personas, por lo que son declarados ilegales. Los Blade Runners son los ocupados de eliminarlos. Estamos en Los Angeles, año 2019. Deckard se ve obligado a cumplir con una peligrosa y desagradable misión…

Lo que pasó por mis encendidas retinas el pasado 1 de diciembre (por cierto, infinitas gracias desde aquí tanto a una deliciosa jovencita como a un amable amigo, por hacer posible la memorable velada), fue concretamente una versión llamada ‘Blade Runner: The Final Cut’ (o ‘Blade Runner: El Montaje Final’, que básicamente es el director´s cut más una mano de pintura digital para, supuestamente, hacer más creíble el mundo futurista donde se desarrolla la acción.

No hacía falta, desde luego, tal tarea, como ya quedó en evidencia cuando el pesetero de George Lucas volvió a vendernos su (también mágica) saga de las galaxias; pero, por otro lado, no molesta lo más mínimo y apenas se nota, salvo porque sabes que “eso” no estaba ahí la última vez que viste el film. Igualmente, se han añadido algunos planos nuevos, pero pasan desapercibidos y personalmente me lo tomé del mismo modo que los retoques de efectos especiales (como si no estuvieran). La (quizá exagerada) explotación comercial que se está haciendo de esta mítica película ha llevado a muchos a desprestigiar las diferentes versiones, punto de vista que considero equivocado. Porque otro aspecto increíble de ‘Blade Runner’ es que, por un lado, es única, pero por otro, tiene varias versiones que funcionan a las mil maravillas. He llegado a la conclusión (no probada científicamente) de que la primera versión que ves es la que amas; pero en cualquier caso, la magia que desprende la obra está, reside en los fotogramas de todas las diferentes variaciones de la misma historia. Personalmente, me quedo con el director´s cut, pero, por ejemplo, Alberto prefiere la versión que se estrenó en un primer momento. Muy curioso.


Elegante, sutil, preciosista, perfeccionista… Podríamos usar cualquiera de éstos y más calificativos para referirnos y subrayar la magistral labor de dirección de Ridley Scott en este film. Un señor que lleva el cine en sus venas, como se demuestra en incontables momentos de su envidiable filmografía; un señor que tiene en su haber ‘Alien’, ‘Thelma y Louise’, ‘Black Hawk Derribado’ o la para mí sobrevalorada ‘Gladiator’, pero que no tiene en su poder un Oscar (quizá ‘American Gangster’ se lo proporcione). Scott nos sitúa siempre dónde hay que estar, imprime el ritmo adecuado para cada momento (nos deja sin aliento con el primer “retiro” y nos relaja con las escenas íntimas de Deckard) y nos sumerge en un oscuro y lluvioso entorno que se muestra tan desolador como bellísimo. En este sentido, el diseño de producción es sublime. Scott se aprovecha de todos los elementos a su disposición para mover la cámara sin que nos demos cuenta, señal inequívoca de que no podía hacerse de otra forma. Por cierto, se suele decir que “el libro siempre va a ser mejor que la película”, pero con una película tan especial como ‘Blade Runner’ las normas no valen. La obra de Dick no podría lucir mejor en la pantalla, recibiendo una dosis de poética complejidad pocas veces vista. El genial escritor no pudo verla, pero seguro que estaría muy agradecido por esta adaptación. A fin de cuentas, le saca brillo a una de sus novelas menos inspiradas.
Al igual que los temas de Vangelis, los rostros de ‘Blade Runner’ no se olvidan. 

Inevitablemente, el memorable impresionante y emotivo monólogo final (lo puedes ver mil veces, te eriza la piel siempre) hace que sean Harrison Ford y Rutger Hauer los actores más recordados, pero es también inolvidable la preciosa fragilidad de Sean Young, la salvaje belleza de Daryl Hannah o las extrañas facciones de Edward James Olmos, que encarna a un personaje muy secundario pero tan fascinante como el resto. Pero evidentemente, repito, puestos a destacar, hay que mencionar por encima de todos a Ford y a Hauer, que comparten un duelo que es un prodigio en todos los sentidos, trepidante, oscuro, reflexivo y de maravilloso desenlace. Tanto uno como otro están simplemente perfectos; el primero compone a un detective melancólico, un antihéroe, con el que nos podemos identificar desde el primer fotograma, y el segundo interpreta (y crea) a uno de los mejores villanos que ha dado el cine en toda su Historia. Por cierto, atención a las frases que le dedica el replicante al Blade Runner, ¿se conocían anteriormente? ¿Era Deckard ese sexto replicante que menciona su superior? ¿Por eso Deckard tiene ese reflejo dorado en los ojos? Los adoradores de la versión comercial, aun quitando el sueño del unicornio, tenéis que admitir que Deckard es… bueno, me callo que seguro que hay alguien por aquí que todavía no la ha visto.



‘Blade Runner’ pasa por ser una de esas razones por las que amar el cine, uno de los pocos títulos realmente imprescindibles del séptimo arte. Es tal la belleza y la complejidad de la obra que uno se queda casi sin palabras al querer describirla. Podéis daros un buen viajecito por la red y comprobar la cantidad de debates y análisis que ha originado la película (catalogada como la de mayor contenido filosófico en numerosos sitios). Como bien sabéis, hay cosas que es mejor no ensuciarlas contándolas, hay que verlas y experimentarlas por uno mismo. Si eres de los que aún no han sentido en tu propia piel el monólogo final del replicante Roy Batty, no dudes más, tienes una tarea pendiente y urgente. Y si ya lo has sentido, ¿a qué esperas para repetir? Ah, vale, esperas al día 11 de diciembre, que sale a la venta una edición apabullante, con maletín y discos para pasar horas sentado, de esta genial e incontestable obra maestra.


Juan Luis Caviaro. (blogdecine.com)

martes, 21 de enero de 2014

Celebración (1998)

CURSO 2013 - 2014. SESIÓN 4

Título original: Festen.
Fecha de emisión: 24 de Enero de 2014, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros de la comunidad educativa del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.
Película no recomendada a menores de 18 años.




SINOPSIS

Los Klingenfeldt, una familia de la alta burguesía danesa, se disponen a celebrar el sesenta cumpleaños del patriarca, un hombre de trayectoria y reputación intachable. Sin embargo, sus tres hijos, aunque muy diferentes entre sí, están dispuestos a aprovechar la ocasión para sacar a relucir los trapos sucios de la familia.

TRÁILER



CRÍTICA

El danés Thomas Vinterberg dirige en 1998 su mejor trabajo hasta la fecha, Celebración, película que inaugura el movimiento Dogma, que el propio Vinterberg había cofundado junto al polémico Lars Von Trier. Se trata de un funesto tratado sobre la distorsión y la hipocresía imperantes en las relaciones sociales en el entorno de la clase alta (sobre todo), drenadas en la concreción de un brutal mazazo que atenta contra la conciencia. Como su exquisita forma se ajusta milimétricamente a los preceptos de su corriente, será mucho más interesante dirigir el análisis hacia un punto de vista emocional, puesto que el atrevido juego psicológico que presenta la cinta es su única, pero eficaz, baza contra el apalancamiento en la butaca.


Y digo apalancamiento porque desde el primer plano se aprecia un ritmo exageradamente lento, cuyo propósito verdadero no es otro que el de ir desprendiendo al espectador de su inhibición especulativa. A través de la llegada de una numerosa familia, parientes lejanos incluidos, a un convite con motivo del sexagésimo aniversario del patriarca, el cineasta danés metaboliza un complicado compuesto de relajación e interés, dejando aflorar con naturalidad, como quien no quiere la cosa, las disfuncionalidades del clan (el comportamiento y la fama del conflictivo Michael o las intrigantes conexiones de los familiares con el personal del servicio). Lo que con un buen puñado de ejemplos se podría catalogar como un ingrediente indispensable para la comedia, aquí no puede sostenerse ni en su vertiente más negra: algo de lo que flota en el ambiente no huele bien.

Pese a que el público ya bajó la guardia, esa abstracción viciada le ha prevenido por inercia para encajar la escabrosa noticia que el primogénito reserva para todos los asistentes (arma poderosísima para las cintas con reuniones familiares). El desconcierto está servido tras la terrible acusación que Christian lanza contra su padre y que no es sino la primera sorpresa materializada, puesto que el primer indicio de latencia lo proporciona el thriller bajo el que se enmarca la gymkhana que preparó la hermana recientemente fallecida. Las razones de la confusión son el hecho de que, hacía un rato, ambos conversaban con confianza –mas, no sin cierta tensión palpable- y que, por las trazas de las que disponemos de sus dos hermanos, del confesor sería de quien menos pudiera imaginarse un enfrentamiento directo con el anfitrión. Lamentablemente, la génesis de la maldad se pasea por senderos arbitrarios.


Inmediatamente, tras el shock de la revelación, la cinta pone en marcha dos mecanismos de potenciación, tanto formal como de su mensaje: por un lado, la atmósfera se sume en la más absoluta violencia psicológica; por otro, el relato se entrega a lecturas trascendentes de inserción sociopolítica. El pillado actúa como si la cosa no fuera con él, y no solo se va de rositas, sino que sigue siendo aplaudido (¿mantenimiento de las apariencias, silenciado de la falta, o ambas?). El servicio toma cartas en el asunto haciendo las veces de pueblo indignado (muy a colación de lo que vivimos en nuestros días), apoyando una justa revolución. Pero, como ha terminado ocurriendo en nuestro entorno más cercano, parecía que su acción iba a tener una repercusión mucho mayor que la que finalmente tiene. Y es que, quien ostenta el poder, requiere de una reincidencia abusiva para ser abandonado por sus fieles.

Celebración configura con orgullo una estructura narrativa equilibrada y muy precisa, gracias a la disposición de esos interludios promulgados por el inexperto maestro de ceremonias entre capítulo y capítulo – es decir, entre descubrimiento y descubrimiento: pues sí, la cosa se alarga- y a la acogida de unos ecos palmarios de El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962) por el perpetuo retorno resignado de los invitados a sus asientos, en su acepción puramente física, y por el puñetazo al exclusivo estómago de la alta alcurnia, en su nivel conceptual. En este trasiego de exhibicionismos y cínico mutismo, Vinterberg se toma la licencia de atizar las brasas del escarnio con la vara del racismo que, aunque no termina de venir a cuento, funciona como oportuno colofón para completar el denostable retrato de un colectivo.



El estoicismo del que hacen gala, tanto víctima como verdugo, ha de actualizarse, forzosamente, por lo que respecta al sometimiento por convicción a los preceptos del Dogma, en un estadio meramente gestual, vehiculado por unas excepcionales interpretaciones (a las que la cámara en mano dota de una asombrosa solemnidad). No dudo del primordial valor de un casting acertado, mas si cabe, dispuesto al servicio de una crítica social; pero, precisamente esto último es lo que me empuja a reducir toda la aptitud de la película a cierta intención moralizante. Haciendo un esfuerzo, trataré de entender el desenlace como un espontáneo arrebato de justicia poética: el apestado es quien termina ajusticiando al poderoso anfitrión. Tras casi quince años, ¿deberíamos tomar esta metáfora como referente para superar esta maldita crisis?

Javier Moral. (elespectadorimaginario.com)

domingo, 15 de diciembre de 2013

La Naranja Mecánica (1971)

CURSO 2013 - 2014. SESIÓN 3

Título original: A Clockwork Orange.
Fecha de emisión: 20 de Diciembre de 2013, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros de la comunidad educativa del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.
Película no recomendada a menores de 18 años.




SINOPSIS

Gran Bretaña, en un futuro indeterminado Alex (Malcolm McDowell), es un joven muy agresivo que tiene dos pasiones: la violencia desaforada y Beethoven. Es el jefe de la banda de los drugos, que dan rienda suelta a sus instintos más salvajes apaleando, violando y aterrorizando a la población. Cuando esa escalada de terror llega hasta el asesinato, Alex es detenido y, en prisión, se someterá voluntariamente a una innovadora experiencia de reeducación que pretende anular drásticamente cualquier atisbo de conducta antisocial.

TRÁILER





CRÍTICA

Hasta hace unos cuantos años yo era un defensor acérrimo de esta película, hasta considerarla una de las cotas más altas de Kubrick. Sin embargo, en este repaso de su obra, el revisado de ‘La naranja mecánica’ me ha descubierto un film totalmente irritante, también muy bien filmado; una historia exagerada, también llena de interés —no obstante parte de la novela escrita por Anthony Burgess—, y sobre todo algo que rara vez se encuentra en el cine del director neoyorquino, una inmensa distancia entre forma y fondo. Kubrick, uno de los directores más perfeccionistas de la historia, lleva al extremo su peculiar estilo, intentando una propuesta parecida a la de ‘2001: Una odisea del espacio’ (‘2001: A Space Odissey’, 1968), pero con la violencia como telón de fondo.


Como en muchas de sus obras Kubrick —que por primera vez se enfrentaba en solitario a la escritura de un guión— divide su película en tres actos perfectamente diferenciables. El primero narra sin orden ni criterio las andanzas de Alex, el principal protagonista de la historia, y sus drugos, mientras hacen de las suyas. Violaciones, peleas, asesinatos, única y exclusivamente viven para ello. La puesta en escena de Kubrick es muy precisa, nunca mostrando más de lo necesario, aunque en 1972 muchos se rasgaron las vestiduras. Queda claro que la intención de Kubrick es provocar, y ciertamente lo consigue —yo hablaría más bien de irritar—, pero no porque las escenas de este primer bloque sean extremadamente violentas, sino porque no hay explicación alguna a los acontecimientos que pasean por delante de nuestra retina.

No sabemos, ni lo dan a entender, las motivaciones de Alex y sus amigos para la violencia que corre por sus venas. En un futuro lejano o cercano, en una Inglaterra que parece ubicada en cualquier otra parte, Alex y sus drugos corren a sus anchas practicando la anarquía, dando a entender que ese comportamiento extremo es algo completamente natural en la sociedad en la que viven. Antes de saltar al segundo bloque, Kubrick nos da la oportunidad de ver cómo vive Alex. En casa de sus padres, escuchando discos de Ludwig van Beethoven, se dedica a hacer novillos para no ir a clases, o a llevarse a un par de chicas a casa para hacer un trío. Incluso recibe la visita de un asistente social, escena con claras connotaciones sexuales que se quedan ahí. Después de todo Kubrick es atrevido, pero quizá no tanto.

El segundo bloque narra cómo apresan y encarcelan a Álex, que ha sido traicionado por su propios compañeros, sin que quedan demasiado claras las razones de ello. Acusado de la muerte de una mujer, cumplirá 14 años de prisión. Kubrick emplea un tiempo desmesurado en narrar cosas anecdóticas, como el ingreso de Alex en la prisión. Éste pasa de ser una persona extremadamente violenta e irreverente a ser un preso modélico. Esta parte está llena de humor, todos sabemos que Alex está fingiendo, su único interés es portarse bien para someterse a un experimento nuevo sobre rehabilitación por el cual le concederán la libertad. Lo que sea con tal de salir de la cárcel.


Antes de saltar al tercer bloque, se produce uno de los puntos más interesantes del relato. Kubrick arremete contra la Iglesia a través de la figura de un cura, que es algo así como el tutor de Álex, al que éste engaña vilmente haciéndole creer que desea ser buena persona. Son varias las escenas en las que el director ridiculiza la religión, pero al mismo tiempo pone en boca de dicho personaje la frase más coherente de todo el relato, aquella en la que se queja del experimento del gobierno para rehabilitar a violentos, alegando que con ello se anula por completo la capacidad del ser humano para elegir. La denuncia de Kubrick empieza a tomar forma. Hemos asistido a las atrocidades de Alex, y ahora es él quien se somete a otro tipo de hechos atroces, con la diferencia de que éstos están respaldados por la ley.

El tercer bloque nos presenta a un Álex recuperado para la sociedad, pero irónicamente todo le sale mal. En un relato totalmente simétrico, Kubrick devuelve a Álex a los lugares en los que estuvo antes de ir a la cárcel. Se encuentra con un mendigo al que le dieron una paliza, y esta vez nuestro sufrido protagonista es el que recibe patadas y puñetazos. Es salvado de dicha situación por sus antiguos amigos, que ahora son policías, y casi moribundo termina en una casa en la que violó a una mujer y dejó paralítico a su marido. Éste, que ha oído hablar de Álex en los periódicos le utiliza para fines políticos y le provoca un intento de suicidio. Alex comprende que la libertad tiene un precio muy alto, pero aún así las cosas se pondrán finalmente de su lado. Se dejará utilizar como instrumento mediático para atacar los terroríficos métodos del gobierno para rehabilitar a delincuentes. Beethoven suena de nuevo en todos su esplendor —en dos altavoces que prácticamente parecen dos monolitos, en una clara alusión al anterior film de Kubrick—, y Álex se recupera del todo.

Dejando a un lado la pericia técnica del film, Kubrick no llega a ningún lado con su continua provocación. Deja a Álex igual que al principio, con sus mismos deseos e impulsos, sólo que esta vez es admirado por todo el mundo, que le mira de forma compasiva por ser el resultado de los feroces experimentos del gobierno. Cuentan que Kubrick obvió el último episodio de la novela de Burgess debido a que se estaba leyendo la edición americana que no contenía dicho epílogo. En él se narraba cómo Álex volvía a las andadas pero finalmente dejaba su postura violenta por aburrimiento, llegando a formar una familia. En el film de Kubrick, Alex —un entregado Malcolm McDowell, a ratos muy histriónico e insoportable— no evoluciona, el personaje no tiene curva, aunque parezca que sí.


De esta forma, Kubrick no llega tan lejos como Burgess, y lo que es peor, su película lanza un discurso bastante demagógico sobre la violencia, resultando casi sin querer —o tal vez sí— una de las más grandes apologías de la misma jamás vistas en una pantalla. Ese futuro en el que todos los jóvenes son cool, los ancianos vagabundos borrachos, y cualquier representante del poder un ser desalmado, deja en evidencia las ganas de Kubrick por resultar polémico solo porque sí. La película fue retirada de Inglaterra por el propio director cuando se enteró de que un grupo de jóvenes imitaban a los drugos del film. No volvió a reponerse hasta el año 2.000.

‘La naranja mecánica’ es una excelente película para cuando uno es adolescente, y la rebelión contra todo poder está a flor de piel. Pasado el tiempo, a mí se me revela como un film fascinante visualmente —en eso Kubrick era de los grandes, sin lugar a dudas—, pero que no pasa de ahí, a pesar de los profundos toques de ironía, y que mostraban a un Kubrick con algo decían no tenía, sentido del humor. De eso en ‘La naranja mecánica’ hay bastante.

Alberto Abuín. (blogdecine.com)

miércoles, 20 de noviembre de 2013

The Return (2003)

CURSO 2013 - 2014. SESIÓN 2

Título original: "Vozvrashchenie" 

Fecha de Emisión: 22 de Noviembre de 2013, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros de la comunidad educativa del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.







SINOPSIS

La vida de dos hermanos sufre un brusco cambio cuando de repente aparece su padre, al que sólo recordaban por una vieja fotografía. ¿Es realmente su padre? ¿Por qué ha vuelto después de tanto tiempo? Los chicos encontrarán la respuesta a sus preguntas en una remota y solitaria isla, después de un emocionante viaje con su padre por los bellos parajes de Siberia. Ópera prima del realizador ruso Andrey Zvyagintsev, nacido en 1964, autor de varios filmes para la televisión rusa. León de Oro en Venecia, donde fue calificada por la crítica como "un film sobre el amor, la pérdida de los afectos y el ingreso en la edad adulta, de irresistible fuerza emocional."



TRAILER


CRÍTICA



En busca del padre ausente
  Galardonada con el León de Oro en la pasada Mostra de Venecia y con el Premio del Jurado en el de Gijón, este debut del ruso An-drey Zvyagintsev viene a incidir en la necesidad de conocer al pa-dre, y en su necesaria presencia junto a la madre en la educación de los hijos para el armónico desarrollo de su personalidad. Para ello, Zvyagintsev sigue la estela de Tarkovski y Sokurov, con una estética que busca capturar el tiempo y adentrarse en el alma de sus protagonistas.
http://www.labutaca.net/fotos/23/elregreso/regreso6.jpg  Andrey e Ivan son dos hermanos adolescentes que ven cómo un día re-gresa un padre para ellos conocido sólo por las fotografías. Su reacción es dispar, y mientras que en el prime-ro surge un sentimiento de admira-ción, en el más pequeño nace el rece-lo y la desconfianza. Es una vuelta a casa llena de misterio y enigmas, co-mo lo es su pasado y los motivos que le mueven a llevar a sus hijos de ex-cursión durante varios días. Asistimos a las difíciles relaciones entre un pa-dre autoritario y unos hijos que inician un viaje de maduración, que pasa ne-cesariamente por el conocimiento de quién es su padre o por la su-peración de unos temores y juegos infantiles. Este viaje es una au-téntica odisea de siete días, contada al hilo de un diario, el mismo que llevan los dos hermanos en su excursión de pesca. Presen-ciamos el drama interior de un padre que entiende la educación al estilo militar, que busca hacer madurar a sus hijos con una salida que se convierte en auténtica jornada de supervivencia; tiene buen corazón, pero sus formas son autoritarias y enigmáticas, y arras-tran a la admiración pero no al cariño. El drama de los hijos, espe-cialmente el de Ivan –bajo cuya mirada contemplamos toda la his-toria–, no es menor y se inicia con un juego en el que se pone a prueba la valentía y el orgullo entre los amigos, y que a la postre resultará decisivo. Al desencuentro entre padre e hijos se le puede añadir otra interpretación más política y sociológica, de manera que nos hablaría de las dificultades de una Rusia poscomunista para abrirse camino tras una cultura y formación basada en las ideas de fuerza e imposición desde el poder.
  Cine, como el de Tarkovski, que invita a la reflexión, a responder a multitud de preguntas e incógnitas. Son las que Ivan se formula y dirige a su padre, deseoso de conocer sus intenciones y los moti-vos que le mueven en su actuar. Y cine de imágenes llenas de poesía, que penetra en el interior de sus personajes para dejar ver la soledad y la desolación que albergan, captados con maestría por una fotografía que recoge unos paisajes gélidos y desiertos, y por un sonido que resalta el valor de los silencios. A esta calidad formal hay que añadir una estructura narrativa bien construida que sabe mantener los tempos adecuados y una intriga desasosegante, además de unas interpretaciones que trasmiten toda el drama y el misterio que la historia encierra.
http://www.labutaca.net/fotos/23/elregreso/regreso7.jpg



  Película sobre el tantas veces trata-do tema de la ausencia del padre, pero a la que el director ruso imprime un aire dramático y lleno de vida que estremece al espectador. No es una película al uso, sino una introspección en lo más interior e intemporal del hombre, al que lleva a pensar y a la vez a gozar de unas existencias tris-tes que buscan conocer su identidad para recorrer con seguridad el camino de la vida. Intencionadamente oscura y críptica en su interpretación, busca la complicidad de la inteligencia del espectador hasta convertirlo en coautor de la historia: nada es nítido porque su director entiende el cine “como una relación espiritual en que las emociones no deben someterse a las palabras”. No es, por tanto, una película de palo-mitas sino de ideas y sentimientos que sobrecogerán al espectador hasta hacerle pensar y sentirse vivo interiormente.

jueves, 10 de octubre de 2013

Midnight in Paris.

Midnight in Paris (2011)

CURSO 2013 - 2014. SESIÓN 1

Título original: Midnight in Paris
Fecha de Emisión: 18 de Octubre de 2013, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros de la comunidad educativa del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.

SINOPSIS

Un escritor norteamericano algo bohemio (Owen Wilson) llega con su prometida Inez (Rachel McAdams) y los padres de ésta a París. Mientras vaga por las calles soñando con los felices años 20, cae bajo una especie de hechizo que hace que, a medianoche, en algún lugar del Barrio Latino, se vea transportado a otro universo donde va a conocer a personajes que jamás imaginaría iba a conocer...

TRAILER


 

CRÍTICA

Para los idealistas, los románticos o los artistas, la inmortal capital francesa será siempre el único rincón del mundo en que los sueños pueden llegar a hacerse realidad. Los escritores de la Generación perdida la convirtieron en su refugio, mientras Cole Porter arrancaba las más deliciosas notas al piano, y los cineastas de Hollywood década tras década encontraban en sus calles idílicos escenarios de maravillosos cuentos de amor. Woody Allen, irredento romántico, educado con las almibaradas cintas de la Metro, en su nueva película no pretende apartarse de una mirada idealizada, turística o incluso superficial. Al igual que su  protagonista parece haber viajado en el tiempo para reencontrar la inspiración perdida desde hace años. Para su nueva propuesta, el cineasta recupera la magia y la fantasía en su filmografía, dejando atrás el tono escéptico y negro que la había presidido en los últimos trabajos. Sin embargo, lejos de perjudicarle, el conjunto de Midnight in Paris (2011) desprende una luminosidad en verdad arrebatadora, hasta el punto de que el realizador firma la más notable de sus propuestas en mucho tiempo. Obviamente, no podemos comparar un título tan acomodaticio e incluso banal como éste con producciones mucho más elaboradas y arriesgadas como Match point (2005) y El sueño de Cassandra (Cassandra´s dream, 2007),  a las que a estas alturas ya deberíamos considerar, sin ánimo de error, como sus dos últimas obras maestras. Aún así, no debemos olvidar que estos dos títulos del ciclo londinense, por desgracia desvirtuado con la mediocre Conocerás al hombre de tus sueños (You Will Meet a Tall Dark Stranger, 2010), continúan imponiéndose en su trayectoria como extrañas e inesperadas piezas cargadas de madurez que revelan un talento dramático insólito en un autor al que se tenía perfectamente situado; es decir, hacía muchos años que Allen utilizando el esquema clásico de sus películas más reconocibles no firmaba un filme verdaderamente conseguido, tal vez desde los ya lejanos tiempos de la maravillosa Balas sobre Broadway (Bullets over Broadway, 1994). Allen recupera de previas realizaciones como  La rosa púrpura del Cairo (The Purple Rose of Cairo, 1985) la magia que quiebra la realidad. Como en aquella  película, el día a día de Gil Pender es tan hostil y gris como para la inolvidable Cecilia. Los personajes que le rodean en el mundo real son fríos, distantes y por supuesto no le comprenden. Por tanto al igual que le sucedía a la pobre empleada, el guionista, que trata de convertirse en escritor, sólo se siente feliz cuando deja volar su imaginación. Precisamente, como un enamorado de las viejas películas de Hollywood en que cualquier fantasía podía llegar a cumplirse, Allen en París concede a su protagonista el deseo de escapar y viajar hasta los amados años veinte y encontrarse con Gertrude Stein, el matrimonio Fitzgerald, Hemingway, un alelado Luis Buñuel o un alucinado Salvador Dalí (bordado por un hilarante Adrien Brody), y vivir una historia de amor con la amante de Picasso, la deliciosa Adrianne, a quien interpreta Marion Cotillard, sin duda una de las actrices contemporáneas más bellas y delicadas. Tal y como sucedía en Alice (1990) o la divertidísima Edipo reprimido (Oedipus Wrecks, 1989), la fantasía hace su aparición en el relato con una sencillez arrebatadora, simplemente sucede. La magia se cuela entre los callejones de París y atrapa a Gil en su vagabundeo a medianoche. Y de alguna manera nos emociona y sobrecoge la facilidad del realizador para lograr que viajemos junto al protagonista ochenta años hacia atrás, evitando subrayados o elementos ajenos a su propuesta visual.

Sobre otros dos grandes pilares se sostiene esta película. Por una parte, la maravillosa luz que envuelve todas las imágenes, obra del iraní Darius Khondji, quien además de trabajar anteriormente con Allen en la discutible Todo lo demás (Anything Else, 2003), ha puesto su luz al servicio de autores tan diversos como Haneke, Polanski o David Fincher. Y por otra, la magnífica creación de Owen Wilson, quien interpretando, por supuesto, a un trasunto del propio cineasta, consigue que nos olvidemos por completo de éste, hasta el punto de alzarse, con pleno derecho, como el actor que mejor ha sabido dar vida a Woody Allen, con permiso, claro, de Diane Keaton, Mia Farrow y John Cusack.
¿Banal, turístico? Sin duda, pero también un artista en crisis desde hace mucho tiempo que demuestra que todavía es capaz de construir un honesto y emotivo filme alrededor de sus obsesiones y referentes de siempre. Tal vez sea poco, para quienes esperamos que Allen vuelva a realizar piezas tan rotundas como Manhattan (1979),  Zelig (1983) o Delitos y faltas (Crimes and Misdemeanors, 1989), pero Midnight in Paris con todas sus irregularidades es una de las fábulas más ingenuas y divertidas de los últimos años. Anunciado ya un nuevo trabajo, Bop Decameron, situado en Roma, y protagonizado por Jesse Eisemberg, Ellen Page, Roberto Benigni o Penélope Cruz, queda claro que Allen continúa incansable con su inagotable ritmo de trabajo. Lejos de sus años dorados, sin duda, el cineasta no deja indiferente a ningún espectador.

Por Ramón Alfonso (miradasdecine.net)

sábado, 20 de abril de 2013

Alguien Voló sobre el Nido del Cuco (1975)

CURSO 2012 - 2013. SESIÓN 4

Título original: One Flew over the Cuckoo's Nest.
Fecha de Emisión: 26 de Abril de 2013, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros de la comunidad educativa del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo del Dr. Jorge Plaja Rustein, psiquiatra infanto-juvenil del Hospital de La Palma.

                                             


SINOPSIS

Randle McMurphy (Jack Nicholson), un violador de espíritu libre, que vive contracorriente, es recluido en un hospital psiquiátrico. La inflexible disciplina del centro acentúa su contagiosa tendencia al desorden, que acabará desencadenando una guerra entre los pacientes y el personal de la clínica con la fría y severa enfermera Ratched (Louise Fletcher) a la cabeza. La suerte de cada paciente del pabellón está en juego.


TRÁILER





CRÍTICA

Las adaptaciones de buenas obras literarias al cine son una apuesta arriesgada por el difícil reto de igualar e incluso superar un texto que de por sí ya es de gran calidad. En el caso de Alguien voló sobre el nido del cuco, llevada a la gran pantalla por el realizador de origen checoslovaco Milos Forman en el año 1975, el punto de partida fue la novela que el escritor de la famosa Generación beat americana Ken Kesey escribió en plena década de los agitados sesenta, y que se convirtió, quizás impulsada por el éxito posterior de su adaptación al cine, en un canto de rebeldía contra cualquier sistema social que oprimiese la libertad de sus individuos.

La historia narra la estancia de Randle McMurphy (Jack Nicholson) en un manicomio, tras haber conseguido zafarse de los trabajos forzosos en una institución penitenciaria haciéndose pasar por loco, permitiéndole así, según parece creer, poder llevar una reclusión más agradable. En su nueva "prisión", McMurphy conocerá a sus compañeros internos, unos seres que intentan resistir en un lugar en el que se sienten protegidos y alejados de una sociedad que los rechaza por su condición diferente de la mayoría y que los margina como seres indeseables para el sistema. Pero la realidad es muy diferente, y lejos de vivir felices y distantes en su estado de alienación protector (la mayoría de pacientes, -como más tarde descubrirá McMurphy- están recluidos en la institución de manera voluntaria), estos seres siguen igualmente sometidos al yugo de un sistema que en este caso tiene sus límites en las paredes del manicomio, cuyo gran dictador máximo estará personificado en la figura de la enfermera-jefe, la Srta. Ratched (Louise Fletcher). Ésta, tras una pétrea máscara de falsa dulzura y comprensión, somete cruelmente a estos hombres dentro de unas normas que no son más que la extensión de ese mundo exterior que los rechaza y olvida. Entre ellos, MacMurphy entabla especial relación con un enorme hombre de raza india, al que todos llaman el Jefe Bromden quien, como descubrirá más tarde McMurphy, finge ser sordomudo para conseguir el aislamiento total del mundo que le rodea.

                                  

Randle entrará en este sistema como revulsivo hacia esas normas. Con su carácter inconformista y rebelde, tratará de mejorar sus condiciones de internamiento y las de sus compañeros, despertando en ellos la reflexión sobre sus vidas y sus derechos, pero propiciando a cambio la horrible represión de su actitud, que conseguirá anularlo definitivamente y someterlo a las condiciones que el sistema establece.

El guión, escrito por Bo Goldman, fue encargado por Saul Zentz y Michael Douglas, quien decidió llevar a cabo el anterior proyecto de su padre, que ya había comprado los derechos y lo había adaptado al teatro en años anteriores. Para el papel de McMurphy, protagonista indiscutible del film, se intentó primero contratar a Gene Hackman y a Marlon Brando, pero tras sus respectivos rechazos, se pensó en Jack Nicholson, que ya se estaba consagrando como estrella tras éxitos anteriores como Easy Ryder (Ídem, 1969. Dennis Hopper) o Chinatown (Ídem, 1974. Roman Polanski) y que consiguió con su interpretación uno de los mejores papeles de toda su carrera, por el que obtuvo un merecido Óscar. Para el papel de la enfermera Ratched, y también tras los rechazos de actrices como Angela Landsbury o la mismísima Joan Crawford, se contó con una casi desconocida Louise Fletcher, otro de los grandes aciertos del film (y otro de los óscars obtenidos), pues consiguió interpretar a la perfección a la pérfida enfermera. El personaje de Ratched, segura de su función, cree firmemente en que sus decisiones dictatoriales son por el bien de los enfermos, pero no hace más que ejercer de ejecutante de un sistema represivo que ella ayuda a imponer como anulación definitiva de una mentes que de alguna manera no están más enfermas que la suya propia. El elenco de actores escogidos para los papeles secundarios se basó en caras desconocidas en aquel entonces, pero que después encontraron en muchos casos un hueco de diversa importancia en la industria del cine. De entre ellos, el impresionante Will Sampson, en su papel de Gran Jefe Bromden; el entonces desconocido Danny De Vito, que interpreta a Martini y que consigue lograr una de los papeles más creíbles y sobrecogedores de entre todos los del reparto, Christopher Lloyd como Taber, tristemente más recordado por sus viajes al futuro junto a Michael J.Fox que por sus grandes actuaciones o Vincent Schiavelli como Frederickson, inconfundible por su imponente y extraño físico. Otros, como William Redfield en el papel de Harding, y que tenía mucho más peso e importancia en la novela, o como Brad Dourif, el reciente "lengua de Serpiente" de la entrega de El Señor de los anillos: Las dos torres (The lord of the rings: The two towers, 2002. Peter Jackson), no son tan recordados por el público, aunque sus interpretaciones son también impecables.

                                 

El rodaje se llevó a cabo en un hospital psiquiátrico, la institución Estatal de Oregón, y el reparto estuvo durante diez días literalmente encerrado entre esas cuatro paredes, conviviendo con enfermos reales y asistiendo incluso a terapias de grupo para entender mejor la vida de esas personas. Los actores dormían en celdas individuales, y ensayaban constantemente los diálogos del guión, mientras Forman los filmaba sin parar. Todo ello propició el sobrecogedor aire de realismo que respira la cinta. La frialdad del espacio, la sensación de desesperación y de soledad en la que se mueven los personajes, contrasta violentamente con la única escena que se desarrolla fuera del psiquiátrico, en la que McMurphy escapa con sus compañeros para pasar un día pescando, uno de las dos únicos momentos de libertad total del que podrán disfrutar (el otro será la alocada juerga que montan a escondidas una noche).

A Ken Kesey, autor del libro, no le gustó la versión que hicieron Douglas y Zaentz, basándose en su descontento por la elección de un Nicholson que a su entender no casaba para nada con su personaje literario. Efectivamente, Nicholson era diferente al McMurphy del libro, menos rudo y reflexivo, aunque curiosamente, llegó a ser tan creíble, que incluso en muchos casos superó sobradamente a su homónimo literario. La novela fue alterada en muchos aspectos, aunque en todo momento quedó respetada su verdadera esencia. El cambio más radical lo supuso el personaje del indio Bromden. En la novela éste narra los hechos en primera persona, descubriendo al lector sus pensamientos y su treta de engañar a todo el mundo con su silencio fingido. Este hecho hace muy interesante el libro, puesto que permite sumergir al lector en la psicología de un enfermo mental, y descubrirle que tras un demente siempre existe un ser humano, tanto o más cuerdo que mucha gente considerada normal. El Bromden literario comunica sus temores al lector, pero éste recurso, sin duda muy interesante y rico a nivel literario, es del todo imposible en el medio fílmico. El cine no cuenta con los mismos recursos narrativos que posee la literatura, y trasladar a la pantalla una narración en primera persona sería un hecho poco menos que imposible. Por otro lado, el descubrimiento al inicio del secreto de Bromden por parte del espectador le habría hecho perder el interés por una historia que él mismo desea ir descubriendo a través de los hechos. Lo mejor de todo es que Bo Goldman, en su adaptación, y pese a los necesarios cambios, consigue transmitir la misma fuerza que nos llega a través de la novela. Bromden ve en McMurphy a una víctima del sistema. Por su valentía y su rebeldía, el indio lo admira profundamente, pero desconfía de su triunfo, pues le recuerda a la triste historia de su padre (un jefe indio al que las autoridades obligaron a vender sus tierras, arrebatándole el único sentido a su vida), a quien el sistema consiguió vencer dejando simplemente que se autodestruyera hasta morir. Bromden encuentra gracias a McMurphy el valor necesario para huir y retomar su vida, pero su decisión llega demasiado tarde, y McMurphy, fiel a sus compañeros y renunciando a su posibilidad de escape por ellos, acaba doblegado irremediablemente a través de electro-shocks y una definitiva lobotomía. Randle muere a manos de Bromden, aunque su muerte es tan sólo física y la única victoria ante el sistema que ha asesinado su mente. Pero ésta no será inútil, pues Bromden decide entonces liberarse y escapar a una nueva vida, lejos de ataduras y represiones sociales.

La película impactó enormemente por su agria visión de la sociedad y su crítica a cualquier sistema de poder que anule la libertad del ser humano. En una época en la que la reivindicación de los derechos individuales estaba a la orden del día, no fue de extrañar que una historia tan cruda sacudiese a la opinión pública. Ganadora de cinco merecidos premios de la Academia, la adaptación realizada por Forman, excelente director con un talento indiscutible, quedará en la mente de todos como uno de los casos más conmovedores de lo que el cine de denuncia social puede y deber provocar: una reflexión sobre los no siempre acertados mecanismos de convivencia social que todos aceptamos como válidos, aunque se basen en muchos casos en el rechazo a lo diferente y el aislamiento de cualquier conducta que se salga de unas estrictas normas de las que, por activa o por pasiva, todos somos responsables.

Susanna Farré. (miradasdecine.net)