martes, 4 de abril de 2017

Kauwboy (2012)

CURSO 2016-2017. SESIÓN 6

Título original: Kauwboy.
Fecha de emisión: 21 de abril, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.



SINOPSIS

Jojo tiene unos diez años y vive con su padre, casi siempre ausente debido a su trabajo. Según Jojo, su madre – una cantante country– está de gira. Su padre no pasa por un buen momento y Jojo oscila entre una precoz independencia y la necesidad de contención.


TRÁILER



CRÍTICA 1: De niños y pájaros.

He aquí una de esas películas que pueden complacer por varios motivos: porque nos gusten los niños, porque nos gusten los pájaros, porque nos gusten las localizaciones naturales o porque nos gusten las historias de niños con pájaros en un entorno natural. Les diré, sin embargo, que a mí 'Kauwboy' me gusta sin gustarme nada de eso. Quiero decir en el cine, claro, pues habitualmente el tratamiento de esos personajes y temas suele llevar aparejada una bonhomía complaciente, un buen rollito, que no se corresponden precisamente con mi idea de lo que deben ser las imágenes en movimiento. Afortunadamente, 'Kauwboy' es distinta. Primer largo de ficción del holandés Boudewijn Koole, cuenta la peripecia de JoJo, un preadolescente que vive con su padre, en lo que parecen las afueras de una ciudad, y que añora a su madre, cuyo destino no llegamos a adivinar hasta bien entrado el metraje. En sus solitarias correrías, JoJo encontrará un grajo del que se encaprichará, hasta el punto de llevárselo a casa en contra de los deseos de su progenitor.


A partir de aquí, todo podría ser muy distinto de lo que es y convertir 'Kauwboy' en un disparate baboso-sentimental-pseudoecologista. Por el contrario, Koole y su joven actor (Rick Lens, no sólo una mirada, sino también un cuerpo) prefieren abordar la soledad del muchacho, la problemática relación con su entorno, la inadaptación, el trauma, todo ello en cuidados términos visuales. El padre, por ejemplo, casi nunca es filmado en su totalidad, es un fragmento de cuerpo que depende de JoJo, como un apéndice. El mundo surge, en su esplendor y su miseria, de la mirada del niño. Y la naturaleza, incluido el grajo, no es una fuerza benéfica, un refugio, sino más bien un laberinto en el que los personajes vienen y van, como la chica que gusta a JoJo, cruzándose en itinerarios interminables. Aunque relato de aprendizaje, pues, es curioso que 'Kauwboy' no acuda tampoco al tremendismo, ni a esa épica del desastre cuyos maestros indiscutibles serían los hermanos Dardenne. Precisamente su fuerza estriba en mantenerse a una cierta distancia de todo a la vez que no oculta una cálida complicidad con sus protagonistas, más cercana al cine de Truffaut que al de su maestro Rossellini.

Koole no llega nunca al fondo de las cosas, es cierto, y su película se queda en una cómoda superficie que no lo perjudica, pero que tampoco le permite esplendores de mayor calado. Resulta de agradecer, en ese punto, que, a medida que avanza, 'Kauwboy' no renuncie a una progresión narrativa conducida con fuerza, sin aspavientos ni subrayados, pero también sin ceder un ápice de terreno. La felicidad, para JoJo, no será el cumplimiento de todos sus sueños, esos pájaros y esos fantasmas que pueblan literalmente su cabeza, sino la aceptación de una realidad no demasiado amable, pero en el fondo la única de que dispone. Película más amarga y menos trágica de lo que parece, 'Kauwboy' quiere encontar su justo lugar en ese tono cansino, decepcionado y sin embargo vitalista que persigue, como en una canción 'country'. No siempre lo logra, pero cuando lo hace merece la pena estar ahí.

A favor: Se parece a muchas otras películas con niño y, sin embargo, no se parece a ninguna otra.

En contra: Esa diferencia la paga con un tono irregular en algunos tramos.

Carlos Losilla (sensacine.com)


CRÍTICA 2: A mitad de camino. 

“Primero no hay nada. Nada en absoluto. Todo es negro; y después se enciende un fósforo: La vida”, le explica Ronald a su hijo Jojo, en voz en off. ¿En qué consiste ese estado previo a la existencia? ¿Cómo se aprende a ser? Interrogantes que atravesarán todo el relato e irán cobrando sentido a lo largo del film. Será el punto de partida de una historia pequeña, sensible e intimista sobre la ausencia y los conflictos familiares desde la vivencia de un niño.

Jojo (Rick Lens en una destacada interpretación) tiene diez años, es desenvuelto y sobrelleva, como puede, la angustia de un hogar escindido a causa de la falta de su madre, una cantante country de gira con su banda por Estados Unidos. El pequeño vive con su padre, Ronald (Loek Peters), un hombre irascible, poco comunicativo y mayormente ausente por motivos laborales. Jojo pasa la mayor parte de su día solo, lo que alterna con su entrenamiento en el equipo de waterpolo junto con su amiga y vecina Yenthe (Susan Rader), con quien también disfruta de su tiempo libre. Una tarde, cerca de su hogar, encuentra una cría de cuervo o granilla a la que cuidará con gran dedicación y cariño. El pájaro ocupará un lugar importante en su vida, a pesar de la oposición de su padre. Para el niño y su papá son tiempos de encuentros y desencuentros. Ambos deberán asumir el destino que les toca.
Aprendiendo a volar (una inapropiada denominación impuesta por el mercado local) –Kauwboy, su título original, proviene de la palabra kauw=granilla en holandés. El film es la ópera prima del cortometrajista y documentalista holandés Boudewijn Koole. Desde sus primeros trabajos, Koole se interesó en abordar dramas familiares como en Trage liefde (2007), donde narra la historia de un niño que nunca ha conocido a su padre. En su nueva película, registra minuciosamente el proceso de adaptación de un niño en relación a la ausencia.


La puesta en escena crea un clima intimista y cercano al personaje principal, a través del uso de los primeros planos y de la cámara en mano, escabulléndose en el interior de su hogar. Los espacios vacíos se resignifican a partir de los objetos que registra. Objetos que describen y narran por sí solos su micromundo: fotos familiares sobre las paredes; un poster de la madre con su guitarra; las botas que usaba, el equipo de música donde Jojo escucha sus canciones antes de dormir. La composición de los planos es esteticista y equilibrada. Las imágenes son bellas y sensitivas: el agua burbujeante de la pileta, el pelaje negro del pájaro sobre las manos, los largos y despeinados cabellos del niño.

Los interiores de la casa traducen el padecimiento de los personajes. Los espacios son caóticos y los planos cerrados enfatizan el encierro. Jojo se ocupa de la limpieza y del orden. Le sirve a su padre una cerveza cuando llega y juntos miran televisión. Entre ellos hay un clima de tensión manifiesto a través de sus conflictos pero, sobre todo, por lo no dicho, por lo que callan. Un silencio perturbador que intenta responder las preguntas del inicio. Cada uno lucha contra algo que comparten y que aún no es develado al espectador, por lo menos hasta superar la mitad del film. Hay un claro vacío informativo que se dosifica y una dualidad compositiva de los personajes propia del cine indie. Kooler introduce en varias secuencias conflictivas el uso del ralentí generando fisuras temporales dentro del relato.

La mayor parte de las escenas transcurren en exteriores, allí Jojo se siente libre y encuentra afectos: el pájaro, el equipo de waterpolo y su amiga Yenthe. A su cuervo, Jack, le enseña a volar y ese logro lo enorgullece, lo colma de felicidad. Una alegría compartida junto a su amiga con quien juega y conversa largas horas (una buena y equilibrada decisión del guion para no centrarse tanto sobre el niño y el pájaro).


Hay dos escenas que quisiera destacar: el enojo del niño golpeando los armarios del vestuario, una y otra vez; y la verborragia desencadenada frente a su padre cuando le impide festejar el cumpleaños de su madre. En ambas situaciones, la tensión colapsa, se expresa, sale como puede. Lo interesante es la decisión del autor, al intercalar tiempos muertos y espacios vacíos durante los cuales la inacción y la abulia del niño no hacen más que estimular y justificar la violencia contenida en las escenas mencionadas.

Presentada en numerosos festivales y muestras internacionales, Aprendiendo a volar/Kauwboy, fue galardonada con el Oso de Oro en Berlín por Mejor Opera Prima, ha recibido el premio Unicef, fue votada por el público en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente –Bafici 2012- y destacada en la Academia de Cine Europeo con el Premio de la Audiencia.

La película no cae en sentimentalismos, a pesar del tema y de tener a un niño como protagonista, más bien se orienta a fortalecer un registro naturalista sobre los comportamientos humanos ante situaciones límite. Sin embargo, y a pesar de una buena solvencia narrativa, la debilidad del film se encuentra hacia el final, en el manejo de la resolución del conflicto. Ahí es donde se aleja de la alegoría inicial, a la cual alude nuevamente en el final, y se desorienta. Si bien en el último cuarto de hora se devela aquello que necesitábamos para hilvanar la historia, la información no debería precipitar el desenlace y, menos, resolverlo de manera simplista y complaciente. El guion utiliza “tips” reparadores, extraídos de un manual de psicología básica. Un vuelco precipitado sobre el cierre que dejará insatisfecho a más de uno.

“Primero no hay nada. Nada en absoluto. Todo es negro; ¿y después?…”.

Marcela Barbaro (elespectadorimaginario.com)


domingo, 26 de febrero de 2017

Mustang (2015)

CURSO 2016-2017. SESIÓN 5

Título original: Mustang.
Fecha de emisión: 17 de marzo, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.



SINOPSIS

Tras un inocente juego en la playa junto a sus compañeros de clase al comienzo del verano, la vida de cinco jóvenes hermanas huérfanas de un pequeño pueblo turco cambia radicalmente. Disgustados por la supuesta inmoralidad en el comportamiento de las chicas, su abuela y su tío deciden tomar medidas que garanticen la virginidad y pureza de las cinco hermanas, así como precipitarlas hacia su destino de futuras esposas.

TRÁILER



CRÍTICA 1: El problema de ser virgen (y suicida) en la Turquía de Bernarda Alba.

Las cinco chicas protagonistas de esta película chocan con los meapilas de sus mayores, empeñados en domarlas a garrotazos de fundamentalismo.


El Mustang siempre fue un coche muy cinematográfico. El chulo de Steve McQueen conducía uno de sus modelos en 'Bullitt' (Peter Yates, 1968), y Nicolas Cage intentaba robar un ejemplar, al que apodaba Eleanor, en esos '60 segundos' interminables que dispararon los niveles de testosterona mundial hasta índices nunca sospechados. Las cinco adolescentes turcas que protagonizan la película 'Mustang', sin embargo, a lo máximo que aspiran es a un viaje liberador en una camioneta de reparto. ¿Por qué entonces ese título? Agárrense que vienen metáforas: los mustangos son caballos salvajes por naturaleza, capaces de salvar casi cualquier intento de cautiverio. Esas cinco chicas protagonistas se comportan efectivamente como mustangos ante los meapilas de sus mayores, empeñados en domarlas a garrotazos de fundamentalismo. Y sí, no se preocupen, el texto de esta cinta está bastante más elaborado, por suerte, que ese símil poco sutil que deviene en título.

Para empezar, y aquí vamos ganando puntos, lo verdaderamente indomable para la realizadora novel Deniz Gamze Ergüven, a la que sin duda habrá que seguir en el futuro, es el concepto de belleza adolescente, así que dedica la primera parte de su película, sin duda la más solvente, a consolidar ese intangible. Al menos ese es el cometido que se puede atribuir a los numerosos planos mundanos de esas chicas condenadas al encierro por una abuela y un tío algo estereotipados en su faceta de castradores.

Mientras los obreros alzan los muros de la vivienda o ponen barrotes a las ventanas, el montaje, la acertada fotografía y la banda sonora nos llevan de paseo por una especie de lirismo en permanente estado líquido capaz de evocar algo muy parecido a lo que entendemos por libertad. En el contexto de su habitación, en ropa interior, semidesnudas, rozando sus cuerpos, en pleno despertar sexual, los planos de esas jóvenes son las fotografías en movimiento de Sally Mann, aquella artista que escandalizó a la América puritana al retratar la sexualidad inocente de sus hijos.

En efecto, el problema está en los ojos que miran con lascivia un escaparate tan cándido. Eso es lo que popularmente se conoce como 'la mirada sucia', gran aportación para los restos de la serie 'Los Serrano'. Y esa reflexión está también en 'Mustang', porque son los hombres represores de la Turquía más rural los más obsesionados finalmente con el sexo. Aunque, claro está, se muere siempre antes por exceso de sensibilidad que por defecto, así que las niñas tienen en esta historia todas las de perder.

Durante la primera parte de 'Mustang', narrada de manera coral, explorando algo tan difícil como el punto de vista que nace en la tercera persona femenina del plural, la película se acerca por momentos, más allá de los evidentes paralelismos argumentales, al esplendor formal de 'Las vírgenes suicidas' de Sofia Coppola. Pero Deniz Gamze Ergüven abandona pronto el concepto de lolitismo de Nabokov, donde la hija de Francis encontró petróleo, y se abraza por momentos a 'La casa de Bernarda Alba', para terminar, no sin tacto, eso sí, mudando finalmente de la poesía al mitin. La película se mete en harina reivindicativa y la cosa, como no podía ser de otra manera, se espesa. La cinta pierde cuando se vuelca definitivamente en el punto de vista de la hermana menor, que viene a ser una especie de 'alter ego' de la propia realizadora de la cinta, quien ha confesado que en el metraje están presentes parte de sus recuerdos de niñez en Turquía. La película pierde encanto a medida que gana intensidad dramática, aunque nunca cae en la sensiblería a la hora de retratar un material tan inflamable como el que tiene entre manos, trufado de bodas apalabradas, fábricas de buenas esposas y pruebas de virginidad.

'Mustang' es, en ese sentido, más efectiva en el cielo de la belleza que en el infierno de la represión, y encuentra más respuestas cuando intenta construir estrofas que cuando apuesta por reformular artículos de una carta maltrecha de los Derechos Humanos. Sus ángeles desvalidos son más sugerentes cuando más abstractos, porque es precisamente en su quimera donde encuentran sus mayores resortes de clarividencia. El final de esta cinta es un grito a favor de la educación, sutil, efectivo, circular, perfecto desde el punto de vista narrativo; pero la película grita sin duda más fuerte cuando sus mustangos se imponen a los carceleros que les rodean sin luchar, simplemente existiendo, poniendo de manifiesto su indubitada naturaleza salvaje, la que es intrínseca a toda acepción posible de la belleza.

Nacho Gay (elconfidencial.com)


CRÍTICA 2: 

«Mustang tiene su principal virtud en el equilibrio que alcanza para no castigar demasiado al espectador, manteniéndose a pesar de todo luminosa y optimista, pero enfrentando continuamente situaciones de gran dramatismo desde una perspectiva verosímil.»


“Aspirar a la libertad es el tema de la película”, decía Deniz Gamze Ergüven tras recibir uno de los numerosos premios que ha cosechado ‘Mustang’, su primer largometraje, cuyo argumento gira alrededor de cinco hermanas de edades comprendidas entre los 12 y los 16 años que son encerradas en casa para evitar que pierdan la inocencia, mancillen su honor, se perviertan, o como quieran llamar a esas cosas que a todos nos gusta tanto hacer.

La directora Deniz Gamze Ergüven se crió en Francia, aunque es Turquía (aquí se desarrolla y ambienta la película) donde nació. Turquía es un país oficialmente con libertad de culto, de prensa y sexual, aunque muy conservador y de ferviente sentimiento musulmán, un contraste derivado de su ubicación entre Europa y Oriente Próximo. Como es lógico, en las regiones rurales, la férrea tradición musulmana es todavía más opresiva, lo que en ocasiones no sólo permite, sino que fomenta situaciones como las que vemos en ‘Mustang’.

Hay una falta de libertad generalizada, pero la situación de las mujeres es especialmente grave. “Tenía muchas ganas de relatar en qué consiste ser una mujer en Turquía: esa especie de filtro permanente que comienza muy temprano. La primera secuencia, cuando las niñas juegan en el mar montándose encima de los chicos, es algo que yo viví y por lo que me mortificaron sin parar, si bien las reacciones de mis personajes responden más a cierta rebeldía. El proyecto nació de la voluntad de poner de manifiesto todas las cosas que habría querido hacer y decir otorgando a mis personajes el coraje que nunca tuve”, confesaba la directora a la revista Cineuropa.

‘Mustang’ tiene su principal virtud en el equilibrio que alcanza para no castigar demasiado al espectador, manteniéndose a pesar de todo luminosa y optimista, pero enfrentando continuamente situaciones de gran dramatismo desde una perspectiva verosímil.


Lo que narra fundamentalmente esta primera película de Ergüven es la revolución que emprenden unas niñas en contra de una imposición inhumana. Hay una injusticia y un abuso evidente hacia las protagonistas, tal como ocurre en infinidad de películas. Me vienen algunos fantásticos ejemplos a la cabeza como ‘Straw Dogs’, ‘Oldboy’ o ‘Django Unchained’. Recuerdo que Tarantino decía sobre esta última película lo siguiente: “Es casi un imperativo moral que Django acabe vengándose. Digamos que ese momento catártico hace que sea, como es, una película de aventuras y no un documental sobre las atrocidades de la época.”

En aquella película, Django ya es libre cuando decide volver y acabar con todos aquellos que le habían hecho sufrir. El alivio de la tensión acumulada a lo largo del metraje por parte del espectador no se produce hasta que se vacían los revólveres de Django y los cuerpos de sus verdugos caen al suelo en un baño de sangre. En ‘Mustang’ no hay violencia, entendámonos: no hay violencia física explícita. Y las niñas no buscan venganza, sino libertad. Pero su revolución nos transmite unas sensaciones similares en intensidad.

Para conseguir esta sensación creo que era necesario construir un personaje esencialmente malvado y dictatorial como es el tío de las niñas, al que no se le aplican apenas matices (aunque sí los encontramos en la abuela). Este ha sido el principal aspecto negativo que han señalado algunos críticos respecto de la película. Mi opinión al respecto es que el film gana así como experiencia emocional, aunque pierde ligeramente como ejercicio intelectual. Es decir, los sentimientos que se producen en el espectador se potencian, aunque se corre el riesgo de transmitir el mensaje de que la determinación de las mujeres por revelarse debiera de ser sencilla. Es decir, ¿quién no pensaría en revelarse (otra cosa es que después lo hiciera) contra alguien que abiertamente se muestra como un autentico cabrón (perdón, quería decir tirano)?

Pero este problema se me antoja pequeño frente a una película que funciona a la perfección, y que defiende la autonomía y espontaneidad de la persona en general, y de la mujer en particular. Hasta ahora, la mejor película de este Actual 2016.

Arturo G. Maiso (elcineenlasombra.com)

jueves, 26 de enero de 2017

Las ventajas de ser un marginado (2012)

CURSO 2016-2017. SESIÓN 4 

Título original: The perks of being a wallflower.
Fecha de emisión: 3 de febrero, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.



SINOPSIS

Charlie (Logan Lerman), un joven tímido y marginado, escribe una serie de cartas a una persona sin identificar en las que aborda asuntos como la amistad, los conflictos familiares, las primeras citas, el sexo o las drogas. El protagonista tendrá que afrontar dificultades, al tiempo que lucha por encontrar un grupo de personas con las que pueda encajar y sentirse a gusto.

TRÁILER



CRÍTICA 1: El amor que merecemos.

Con ese título, resultaría de lo más irónico que 'Las ventajas de ser un marginado' ('The Perks of Being a Wallflower', Stephen Chbosky, 2012) hubiese destacado como un éxito de taquilla. Se estrenó en España el pasado 8 de febrero y de momento está pasando con más pena que gloria por nuestra cartelera. No se lo merece, y espero que más de uno se anime a darle una oportunidad tras leer este artículo.

Vaya por delante que el film no me apasiona. En primer lugar, creo yo, porque no soy su clase de espectador. No comparto la opinión de que cada película tiene su público y solo éste puede valorarla en su justa medida --ésa es la excusa de quien no tiene nada valioso que ofrecer y teme la crítica--, pero hay que admitir sin problema alguno que hay relatos que buscan conectar con cierto grupo y uno se puede quedar fuera. Sencillamente, el discurso no puede interesarnos a todos por igual, ni el impacto será el mismo, aunque siempre podemos valorar aspectos formales o el trabajo de los actores. Es decir, que si vas a ver 'Las ventajas de ser un marginado' deberías saber que los protagonistas son adolescentes (norteamericanos) que tratan de divertirse y superar sus TRASCENDENTALES conflictos, desde la perspectiva de un chico introvertido aspirante a escritor. Y ten en cuenta que Chbosky no es (ni de lejos) un François Truffaut o un Wes Anderson.


 'Las ventajas de ser un marginado' es una adaptación de una novela del propio Chbosky, titulada igual que el film. La historia nos lleva de vuelta a 1991 y se centra en Charlie (Logan Lerman), un chaval muy inteligente, con talento y poco sociable, que prefiere observar la vida desde cierta distancia. Tiene sus motivos, algunos los explica él mismo desde el principio, otros los descubriremos más adelante y el más gordo se lo reserva Chbosky para el tramo final. Casi a lo Shyamalan. Es un giro peligroso que dependiendo del espectador puede ser un desastre o una decisión narrativa cuestionable, pero no arruina todo lo anterior. 'Las ventajas de ser un marginado' es un cuidado, amable y fresco retrato generacional con estupendas interpretaciones.

Charlie es el primer papel donde Lerman demuestra que tiene algo que aportar como actor. Creo que un chico menos popular habría encajado todavía mejor en el papel pero él está muy convincente, se le ve cómodo en esos zapatos y se comporta con mucha naturalidad. No obstante, quien roba la película es Ezra Miller, el perturbador adolescente psicópata de 'Tenemos que hablar de Kevin' ('We Need To Talk About Kevin', Lynne Ramsay, 2011). Con la facilidad de quien está sobrado de talento, aquí da vida a Patrick, un muchacho extrovertido y carismático que junto a su hermanastra Sam ayudan a Charlie a superar su timidez, hacer amigos y pasarlo realmente bien por primera vez. A descubrirse a sí mismo, aceptarse y participar en la vida. "Somos infinitos", piensa Charlie, feliz, pletórico, mientras escucha su nueva canción favorita en compañía de sus mejores amigos. Y uno no puede evitar el recuerdo de sus propias experiencias... snif.


Patrick animará a Charlie a salir de su escondite pero es Sam, a quien encarna con naturalidad la encantadora Emma Watson --aún cuesta no verla como Hermione Granger pero no es culpa suya--, la que alterará en mayor medida al chico, enamorado total e irremediablemente. Pero ya he dicho que esto va de SUPERPROBLEMAZOS. La vida no es fácil, y en el cine esto significa incluir algunos obstáculos que complicarán el camino a la meta para el protagonista. Uno de los tramos más inspirados de 'Las ventajas de ser un marginado' está dedicado a los esfuerzos de Charlie por aceptar y superar la idea de ver a la chica que le ha robado el corazón en brazos de otro tío. Que por supuesto es un gilipollas. Ni a ella le gusta especialmente, pero, reflexionando, ambos llegan a la conclusión de que "aceptamos el amor que creemos merecer". Otra cita que se queda grabada.

La relación de Charlie con su primera novia (Mae Whitman), el simpático profesor de inglés (Paul Rudd), el homenaje a 'The Rocky Horror Picture Show' (Jim Sharman, 1975), hay escenas muy divertidas que aligeran el tono dramático con el que Chbosky siempre coquetea, buscando el equilibrio adecuado en el retrato de estos tres jóvenes amigos confundidos en transición a la madurez. No faltan los convencionalismos del cine sobre adolescentes --la fauna del instituto--, la trama y la evolución de los personajes es previsible --excepto el brusco giro comentado--, repite ideas visuales algo gastadas --la del coche ya lo estaba cuando salió 'Titanic' (James Cameron, 1995 1997)--, falta ingenio transmitiendo el mundo creativo y las experiencias sensoriales de Charlie --reivindiquemos una vez más la obra de Cronenberg-- y se descuida a la familia del chico --sobre todo a los padres (Dylan McDermott y Kate Walsh)--, siempre una poderosa influencia.


Pero todo eso lo va sacando uno al pensar, repasar y discutir la película, los puretillas quisquillosos como un servidor, lo cierto es que el visionado resulta agradable y entretenido; los momentos humorísticos del guion de Chbosky, el placentero tono optimista, la selección musical y el acertado reparto logran que los 100 minutos que dura 'Las ventajas de ser un marginado' se pasen volando. Especialmente dirigida a espectadores que ronden la edad de los protagonistas o los que deseen un nostálgico regreso a las turbulencias de la adolescencia, es uno de los títulos más recomendables de la cartelera actual. 

Calificación: 3,5/5
Juan Luis Caviaro (blogdecine.com)


CRÍTICA 2: Crecer al abrigo del margen.

Cada generación cuenta con su propia colección de relatos de iniciación propios y coyunturales, destinados a una amplia variedad de gamas de público. Mientras sagas de fantasía como 'Harry Potter', de J. K. Rowling, o 'Crepúsculo', de Stephenie Meyer, han logrado niveles de popularidad y pregnancia definitorios dentro del imaginario colectivo de millones de adolescentes durante la primera década del siglo XXI, otros libros más introspectivos y experienciales también se han convertido en éxitos de ventas juveniles y han dado pie a sus propias adaptaciones cinematográficas. Es el caso de 'Submarine', de Joe Dunthorne, o 'Las ventajas de ser un marginado', de Stephen Chbosky, cuyo propio autor se ha encargado de llevar al cine. 

Son Bildugsroman modernas con amplio componente autobiográfico que están actualizando los clichés del cine teen ochentero y la celebración de lo inadaptado que comandó John Hughes. Lo hacen mirando al pasado inmediato, a las adolescencias forjadas a finales de los 80 y principios de los 90 a base de musicalidad indie e historias de crecimiento emocional; es decir, a las de los 'marginados' que hoy en día son adultos con poder prescriptor en la industria cultural. Como podría ocurrir con los tres protagonistas de 'Las ventajas de ser un marginado', una 'banda aparte' formada por el tímido e introvertido Charlie (Logan Lerman) y los hermanos Sam (Emma Watson) y Patrick (Ezra Miller). La amistad que se forja entre estos desplazados y su círculo de amigos es el gran impulso que articula un relato de aprendizaje sentimental que puede saber poco original pero resulta capaz de transpirar veracidad y ternura en cada secuencia y situación, así como una voluntad digna de aplauso a la hora de tratar de forma adulta a sus inmaduros personajes (interpretados, eso sí sin remedio, por veinteañeros). No es Nicholas Ray, pero teniendo en cuenta la forma unidimensional en que suelen ser retratados los adolescentes en el mainstream, ese simple detalle ya puede legitimarse como un logro. 

Ayuda mucho que Chbosky haya comprendido la adolescencia como una sucesión de momentos aislados y llenos de (subjetivos) puntos de inflexión, en vez de intentar rememorarla en forma de narración causal, racional. Incluso podríamos decir que la película se contagia de la estructura heterodoxa y fragmentada de alguna de las mix-tapes que sus adolescentes de los 90 intercambian con fruición. Es obvio que la mirada nostálgica hacia la época existe, y se puede palpar, pero no hay intención idealizadora en el director; pese a que determinados episodios más frontales vinculados al sexo y las drogas han sufrido cierta suavización en el traslado del texto al film, Chbosky no se calla los aspectos más amargos de una etapa de la vida en la que, al enfrentarse al universo de noche, es tan fácil sentirse infinito como inaguantablemente diminuto. 'Las ventajas de ser un marginado' no cambia eso: es a la vez tan exultante y gozosa durante su desarrollo como insignificante al final del camino. Tampoco es que le importe, pues no necesita nada más para perdurar como clásico adolescente. 

A favor: La generosidad con la que capta algunos momentos de absoluto descubrimiento adolescente: desde los besos y las drogas hasta la primera vez que, por casualidad, escuchas a David Bowie. 

En contra: El efectismo narrativo al tratar la condición psicológica del protagonista. 

Calificación: 3/5. 
Daniel de Partearroyo (sensacine.com) 

sábado, 7 de enero de 2017

Ex Machina (2015)

CURSO 2016-2017. SESIÓN 3

Título original: Ex Machina.
Fecha de emisión: 13 de enero, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.




SINOPSIS

Nathan, un programador multimillonario con fama de reclusivo, selecciona a Caleb, un joven empleado de su empresa, para que pase una semana con él en un lugar remoto en las montañas con el objetivo de que participe en un test en el que está involucrada su última creación: Ava, un robot-mujer en el que inteligencia artificial lo es todo.

TRÁILER



CRÍTICA 1: “Ex machina”: El mañana… hoy. 

Alex Garland debuta como director con una propuesta que recauchuta con elegancia campos y temáticas largamente exprimidos por la ciencia-ficción universal. Delicada, limpia, atrevida y turbadora a ratos, se atasca un poco en sus giros, pero es una propuesta notable y hermosa. 

Caleb (Domhnall Gleeson) ha ganado una semana en casa de su jefe (Oscar Isaac), un científico punterísimo de la era digital. Será la parte humana de un Test de Turing muy… especial. Hace no mucho celebrábamos el salto tras las cámaras de Dan Gilroy con la espectacular “Nightcrawler”, y ahora hacemos lo propio con el debut de Alex Garland desde “Ex machina”, muy interesante ─pero no tan redonda como esperábamos─ puesta de largo en la que retoma campos y temáticas largamente conocidas, pero que recauchuta con sensibilidad y elegancia.


«¿Podemos ser colegas?». Visualmente es impecable. No ya por su estilo de rodaje, con una puesta en escena que nos sepulta poco a poco en un laboratorio del doctor Frankestein opresivamente cool, sino porque la integración de los efectos especiales, aquí clave casi de principio a fin, es tan delicada como impactante, atrevida y hermosa en su proposición. En un conjunto tan atractivo sensorialmente es una lástima que a veces el ritmo se estanque, más por algunas volteretas demasiado previsibles que por el regodeo de Garland, que apuesta frontalmente por recrearse en la temible finura de su discurso.


El siempre agradable y resolutivo Domhnall Gleeson juega bien a parecer que sabe, a saber verdaderamente y a saber menos de los cree, que no es fácil; Alicia Vikander está fantástica dibujando la Vida desde lo Inerte, y Oscar Isaac borda este dios carnal y amigo de la botella que reina como puede en un microuniverso delirantemente palpable. Obviamente prometeica, “Ex machina” discursa no ya sobre si las máquinas terminarán por superarnos en la escala evolutiva, sino más bien sobre cómo la mera conciencia de ello, aceptado como inevitable, puede afectarnos a un nivel emocional. Cuidado.

Calificación: 7/10.
José Arce (labutaca.net)


CRÍTICA 2


En la película de Alex Garland se dice algo así como que la inteligencia artificial era algo inevitable, una cuestión de “cuándo”, no de “si”. La ficción nos lleva preparando para ella desde mucho antes de que fuera una realidad.

La propia novela Frankenstein trata sobre la creación de un ser artificial, y de ahí en adelante, la ficción y la ciencia han estado estableciendo una cadena de relevos que nos lleva hasta una actualidad en la que Internet y lo digital han creado una relación tan estrecha que plantea todo tipo de cuestiones culturales, filosóficas, científicas, económicas, etc.

¿Estamos ante un nuevo paso evolutivo? Lo que está claro es que Internet y la informática están cambiando el mundo a marchas forzadas. Si es usted “apocalíptico”, como un servidor, mis condolencias. Si es “integrado”, enhorabuena. Si no sabe de lo que le estoy hablando, doble enhorabuena.

En 'Ex Machina',  la idea de la creación de inteligencia artificial y androides vuelve a servir como reflejo de la condición humana, de nuestras mezquindades y escasas bondades. Nada nuevo, pero no por ello poco interesante, ya que Alex Garland (a quien ya le hemos perdonado La Playa hace tiempo) consigue hacer un film que funciona bien en su parte intelectual, pero que no se queda en una fría muestra de ciencia-ficción hard, sino que también es un claustrofóbico thriller psicológico con toques de morbo.

'Ex Machina' narra el viaje de Caleb (Domhnall Gleeson), un empleado de una gran empresa (que podría ser Google aunque la llamen de otra manera), a la paradisíaca y gigantesca finca en la que vive Nathan (Oscar Isaac), el jefazo, un genio informático con tendencia a empinar el codo. Nathan le ha elegido para participar en un experimento de gran importancia, consistente en practicar el test de Turing a una inteligentísima robot, Ava (Alicia Vikander).

La película juega con las dudas, la manipulación y los secretos para crear un ambiente desasosegante, enmarcado en una de esas nuevas casas ecológicas e inteligentes, un escenario tan bonito y moderno como frío, claustrofóbico y poco fiable.

Una excelente idea que lanza la película, y no del todo descabellada,  es que la inteligencia artificial y el aspecto del robot toman como base las búsquedas de Internet de los incontables usuarios de ese Google-con-otro-nombre, adquiriendo, pues, todas las características de la psique humana, desde las más razonables a las ilógicas y emocionales.

Esta ocurrencia sirve para plantear cuestiones sobre Internet: ¿lo usamos o “él” nos usa a nosotros? ¿Tiene una verdadera finalidad concreta? ¿Terminará por no necesitarnos a los usuarios, una vez nos haya, por así decirlo, absorbido?

Alex Garland, aparte de desarrollar un guión sólido, demuestra dotes de buen realizador con una puesta en escena voluntariamente fría, pero cuidando la dirección de actores hasta en el último detalle para lograr que, ante todo, Ex Machina sea una malsana historia de trío ¿amoroso? de raíces noir.

Ciencia-ficción para adultos, pero asequible al espectador “no especializado”.


La primera película como director de Alex Garland parte de una idea, al parecer, sencilla: "Tres personas inteligentes enfrentándose, intentando vencerse mentalmente y uniéndose momentáneamente", explica el director.

Pero si una de esas tres personas es una chica robot, todo se complica. "Ex Machina funciona en dos niveles", dice el productor Andrew Macdonald. "En principio es un thriller psicológico, eso sería el primer nivel, pero se sirve de los personajes para explorar temas humanos y psicológicos fundamentales".

En opinión de Andrew Macdonald, las películas como Ex Machina encajan con el ADN de la productora DNA Films: "Siempre he intentado hacer películas accesibles e inteligentes, y Ex Machina lo consigue a la perfección".

En su debut como realizador, Alex Garland toca temas que le fascinan desde hace tiempo, y utiliza nuestros miedos e inseguridades frente a la tecnología y el papel que tiene en nuestras vidas. "Generalmente hablando, nos sentimos incómodos ante la inteligencia artificial y los ordenadores", dice. "Es algo en lo que todos pensamos. Pero lo enfoco desde otro ángulo porque no es un tema que me preocupe mucho. En 'Ex Machina' simpatizo con la robot".

Su primera novela, 'The Beach', fue publicada en 1996, cuando solo contaba con 26 años. DNA Films la adaptó a la gran pantalla en 2000 y Alex Garland quedó fascinado por el cine. Desde entonces ha colaborado con la productora escribiendo el guión de 'Sunshine', '28 días después' y 'Dredd'.

El guionista y director insiste en que las contribuciones del equipo creativo han mejorado 'Ex Machina': "Durante los pasados años he vivido varias experiencias cinematográficas, y todas me han conducido a esta película. He llevado a la práctica lo que he aprendido en el camino, pero sobre todo he intentado dar el espacio suficiente al equipo para que hiciera su trabajo de la mejor manera posible".

Oscar Isaac, que tiene el papel de Nathan, piensa que la película es una alegoría de la existencia humana: "Penetra realmente en lo que significa ser un humano, lo que significa pensar y ser consciente. Nunca sabemos lo que piensa la persona que tenemos delante, ni si siente lo mismo que nosotros".

"Utilizan a Caleb para realizar la prueba de Turing", explica Domhnall Gleeson. "Un ser humano interactúa con un robot, y si no ve que es un robot, la prueba se da por buena".
"Caleb no tiene ni idea de lo que le espera cuando llega a la casa. De pronto, una figura humanoide con cara de mujer, fabricada con una mecánica increíble, sale de una de las habitaciones", sigue diciendo.

La prueba de Turing es muy sencilla y suele realizarse de forma que la persona no sabe quién contesta a las preguntas, si un ordenador u otra persona. Se celebran varios encuentros anuales y, ocasionalmente, se anuncia a bombo y platillo que un ordenador ha superado la prueba, pero muy pocos aguantan un auténtico análisis.

"La prueba de Turing fue ideada hace décadas, con el nacimiento de las computadoras", dice Alex Garland. "Alex Turing entendió muy pronto que las máquinas con las que trabajaba podrían convertirse en máquinas pensantes en vez de simples calculadoras. Se dio cuenta de que sería difícil adivinar si algo realmente pensaba o fingía pensar".

Esa es la diferencia que causa la mayoría de fallos y alimenta la controversia que suele producirse cuando un ordenador supera la prueba. Hace poco se sugirió que un "robot conversacional" llamado Eugene Goostman había superado la prueba de Turing al engañar a varios jueces en un encuentro en la Universidad de Reading. El robot, que decía ser un chico de 13 años procedente de un país del este de Europa con conocimientos rudimentarios de inglés, convenció a los jueces de que su edad y la barrera del idioma eran las causas de sus fallos.

Pero Ava, de 'Ex Machina', no tiene nada que ver. Nathan está tan seguro de que su robot no intenta esconder el hecho de que es una inteligencia artificial. Si Caleb se deja convencer por una máquina, con piezas corporales metálicas, servos y motores, ¿representará Ava la cúspide de la inteligencia artificial?
Vicente Díaz (thecult.es)

jueves, 27 de octubre de 2016

La caza (2012)

CURSO 2016-2017. SESIÓN 2

Título original: Jagten (The Hunt).
Fecha de emisión: 4 de noviembre, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de actos del I.E.S Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros de la comunidad educativa del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español. Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.




SINOPSIS

Tras un divorcio difícil, Lucas, un hombre de cuarenta años, ha encontrado una nueva novia, un nuevo trabajo y trata de reconstruir su relación con Marcus, su hijo adolescente. Pero algo empieza a ir mal: un detalle cualquiera, un comentario inocente y una mentira insignificante que se extiende como un virus invisible sembrando el estupor y la desconfianza en una pequeña población... 
 

TRÁILER

 



CRÍTICA 1: Algo huele a podrido en Dinamarca.

Nuestra sociedad está enferma. Ver hechos como los de la maratón de Boston, atentados en nombre de la religión o la independencia, los casos de pederastia de la iglesia católica, los numerosos casos de violencia doméstica....Acciones oscuras y sin sentido, donde la psique humana coge caminos vergonzosos y que, por momentos, llegan a hacernos perder la esperanza en nuestra misma gente, a ser negativos, desconfiados, mirara a nuestro vecino por encima del hombro; dedicarle una sonrisa para luego cuchichear en la "seguridad" de tu hogar que secretos esconderá. Quien mejor lo expresó visualmente, o uno de ellos, fue David Lynch en el prólogo de la imprescindible y enferma Terciopelo azul, con esa mirada bucólica de un barrio residencial con todas las casas pintadas, los jardines bien arreglados y un pequeño detalle violento que corroe esa, en teoría, ilustre sociedad. 


Desde un hecho pequeño igualmente, un rumor apenas ( desde un principio sabemos que el delito imputado al protagonista no es cierto; no estamos ante un thriller o una película de misterio sino ante un drama sobre la descomposición del núcleo social ) vemos como los habitantes de una pequeña localidad acusan al profesor de una guardería, Lucas ( un inmenso y contenido Madds Mikkelsen, todo rabia interior ), como ese rumor se convierte en un germen que crece enfermando a toda la comunidad y sin solución de cura, ni siquiera cuando la acusación ha sido desestimada. Los pensamientos de la gente ya han sido contaminados, el virus se extiende y no hay cura posible.

Sorprende que el mismo fin de semana que se estrena entre nosotros la bienintencionada y optimista Promised Land llegue este drama íntimo pero desolador y turbio que es La caza ( jagten, 2012 ) dirigida por Thomas Vinterberg, uno de los padres del Dogma 95 ( si bien la fama se la llevó el más mediático Lars Von Trier, el cual rápidamente dejó de lado su decálogo de trabajo ) quien vuelve a traernos un relato pesimista y triste de la sociedad actual aunque no tan directo como Celebración (1998).

Desde un principio la película no quiere jugar con la ambigüedad de saber si el protagonista es culpable o inocente, sino mostrarnos como ese pequeño rumor dicho por la joven y angelical niña pervierte las mentes de los adultos, quien creen a la niña ( pues los niños siempre dicen la verdad, como se apunta en el film ) y el infierno llegará a Lucas, un profesor apuesto y atento, divorciado pero al cual parecía que la vida se comenzaba a enderezar ( su hijo Marcus se va a ir a vivir con él, entabla una relación romántica con una compañera de trabajo ); para más inri la niña que ha soltado esa acusación es la hija de su mejor amigo.



Así vemos un relato pesimista, negativo y opresivo, donde tanto la dirección de Vinterberg ( muchas de sus secuencias están dirigidas cámara en mano, acercándose mucho a sus actores y provocando una sensación de opresión durante gran parte del metraje ) como la labor de sus actores con un ejemplar Mikkelsen (premiado en Cannes 2012 ) aunque sin obviar a grandes secundarios como son Thomas Bo Larsen ( Como Theo el mejor amigo del protagonista y padre de Klara, la niña que ha realizado la acusación ) o Susse Wold como Gretchen la directora de la guardería. Aunque hay secuencias ancladas en la navidad, donde ese espíritu festivo choca con la tristeza de lo narrado no hay lugar para el perdón, no estamos ante un film capriano ni optimista sino ante un triste, paranoico y desasosegante relato sobre la amistad, la convivencia, la venganza.


La sensación de malestar se va haciendo cada vez más presente, hasta que llega un punto en que parece que no puedas respirar. La acción poco a poco se va haciendo más opresiva, con secuencias que, no por ya vistas o esperadas, no dejan de tener fuerza. Eso sí, el director juega mejor sus cartas cuando usa la sugerencia antes que el trazo directo: escenas como la pelea con la novia, la del supermercado, la perra de Lucas o la misa de navidad tienen fuerza, sí, pero más poder y dramático tienen esa extraña conversación en la guardería cuando Lucas no imagina lo que se le viene encima o la reunión de padres, por ejemplo. Estriste a la vez que real el ver como una idea soltada por una riña se convierte en todo un mundo, como de repente todos los niños acusan a su profesor, aún peor, alentados por sus propios padres. Incluso cuando la niña dice que todo se lo inventó y que Lucas es inocente, sus propios padres dicen que no, que ella tenía razón La película entonces deviene una especie de cara B de otro film que habla sobre la enfermedad e la sociedad actual, si bien desde un prisma más de género como es Eden Lake de James Watkins ( 2008 ).

El símil de la caza, donde los hombres masculinos dedican jornadas en equipo y como celebran la llegada a la edad adulta de los jóvenes con una jornada de caza, es una metáfora quizás demasiado directa pero funcional a la par que ese final, el cual quiere jugar con una ambigüedad no muy necesaria de cara al propósito del film: no hay lugar para la redención ni el perdón, la sociedad está rota.


Aunque la labor de Vinterberg es muy acertada en gran parte de su metraje, lo más destacable es la dirección de actores. Sin obviar a algunos secundarios realmente espléndidos, el film ES Madds Mikkelsen. El ascendente actor danés realiza una interpretación conmovedora, triste, y lo mejor aún ( y para mí nada esperado ) muy sutil y contenida. Lucas poco a poco ve como todas las puertas se le cierran, como es aislado de esa pequeña comunidad sin poder ver a sus vecinos, amigos, a su propio hijo pero en ningún momento explota, su rabia queda en su interior, su tristeza, su malestar.Muchos actores podrían haber caído en la sobreactuación si bien Mikelsen, ese actor de rostro tan característico ( usado en film como Casino Royale o ahora triunfando en la TV USA con su genial Doctor Hannibal Lecter de la serie homónima de la NBC ) pero que aquí desprende una multitud de sentimientos a través de sus miradas, sus silencios. El mejor ejemplo es la escena de la misa de Navidad, donde el protagonista realmente acaba explotando por las miradas y comentarios de sus vecinos pero Mikelsen se queda en el tono justo, provocando el estallido dramático pero sin en ningún momento perder los papeles, contenido a la par que elocuente y expositivo. Su labor es contagiosa, encomiable en un grandioso trabajo de contención dramática.Su actuación es otro aliciente de un film duro, que provocará debates pero que no debemos dejar escapar.

José Raúl Pérez Vergara (noentiendoelfinal.blogspot.com)

CRÍTICA 2:  Crueldad e inocencia.

“La caza” estremece en sus primeros planos y deja sin aliento en los últimos. Una película que corta la respiración, que cuenta con una excelente dirección de actores y con un gran Mads Mikkelsen. 

El reclamo promocional de “La caza” (ver tráiler) resume a la perfección la sensación de pesadumbre y desazón que deja la cinta de Thomas Vinterberg: «Una mentira puede destruir a un inocente», y así sucede desde el momento en que Lucas es acusado de haber abusado sexualmente de varios niños de la escuela en que trabaja. De la noche a la mañana, su mundo se desmorona cuando se le impide ver a un hijo cuya custodia perdió tras el divorcio, cuando sus amigos le dan la espalda y comienzan a evitarle, cuando sufre en el pueblo un verdadero escrache que llega a una crueldad extrema. El espectador conoce en todo momento su inocencia, y también entiende los motivos que llevaron a la pequeña Klara —hija de su mejor amigo— a decir esa mentira que se propagó como la pólvora y que enturbiaría para siempre el ambiente del lugar.




La primera escena en que la niña pide ayuda a Lucas porque está perdida y tiene miedo de pisar las rayas del suelo, dice mucho del carácter frágil de uno y entrañable de otro y genera un clima de tensión que amenaza ya con tormenta. Resulta fácil ver la inocencia de esa pequeña que solo busca la seguridad y el cariño que no encuentra en casa —y que repite lo que oye—, y también el desconcierto y desesperación de ese inocente culpable al que nadie da crédito y que sufre la soledad en silencio. Más difícil es comprender a esos adultos que son reflejo de una sociedad patológicamente hipersensibilizada en la que un gesto de cariño y atención a un niño es visto con malicia, en la que se presume el principio de culpabilidad ante la mínima sospecha o calumnia esparcida a los cuatro vientos. Porque una vez lanzada la piedra, la herida ya está hecha.




A lo largo de la trama, Vinterberg hace reiterados llamamientos a la conciencia de sus personajes y alienta sus remordimientos ante la injusticia que se está cometiendo —hasta el clímax alcanzado en la iglesia en Nochebuena, con una tensión que corta la respiración y una crítica a la hipocresía puritana de la comunidad—, pero no todos responden de la misma manera porque la lucha entre la verdad y la libertad no siempre se decanta hacia el mismo lado.




En la película, hay trampa narrativa —el espectador sabe la verdad y lo observa todo desde fuera—, y también encontramos giros dramáticos encaminados a la empatía emocional con su protagonista. En ese alejamiento y aproximación a lo que se nos cuenta radica el éxito de la cinta, siempre controlada en sus emociones por el director y por un gran Mads Mikkelsen, premiado en el Festival de Cannes de 2012. Desde su conmovedora interpretación y el potente efectismo dramático de la puesta en escena, se consigue que fijemos nuestra atención más en la inocencia del adulto que en la de la niña, y más aún en la negrura del corazón de unos vecinos que en un delito que nunca existió. Frialdad fotográfica, excelente dirección de actores —sobre todo con la niña Annika Wedderkopp—, y un realismo y frescura que son herencia —lo poco que queda— del Dogma 95 del que Vinterberg fuera co-fundador.




El filme estremece desde sus primeros planos y deja sin aliento en los últimos, para hacernos ver la fragilidad de la vida y la facilidad para hundir a alguien en la nada, así como una ligereza y locura colectiva que no repara en el daño causado cuando se duda de alguien y se le ataca. Por eso, duele el linchamiento moral y físico al que someten a Lucas, pero más aún la ceguera de unos individuos que ni se conocen a ellos mismos ni conocen a sus niños. Solo nos queda esperar que, para entrar en la edad adulta, no sea necesario recibir un rifle de regalo como el hijo de Lucas, porque entonces habrá que preocuparse y prepararse para vivir entre la crueldad y la inocencia.

Calificación: 7/10.
Julio Rodríguez Chico (labutaca.net)
  

domingo, 9 de octubre de 2016

It follows (2014)

CURSO 2016-2017. SESIÓN 1

Título original: It follows.
Fecha de emisión: 14 de octubre, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.



SINOPSIS

Jay, de 18 años, tiene su primer encuentro sexual con su novio en la parte trasera de un coche. Tras el hecho, aparentemente inocente, la situación se pone algo tensa cuando su novio hace que ella se desmaye. Al despertar, el joven le explica que lo hizo para ahuyentar a una serie de espíritus que lo acosan. A partir de ese momento, es Jay quien sufrirá las consecuencias de ese acoso, encontrándose sumergida en visiones y pesadillas; teniendo la sensación de que alguien o algo la observa.

TRÁILER



CRÍTICA 1: La cosa.

En 1989, el inglés Alan Clarke filmaba Elephant, una película que denunciaba la arbitrariedad y la negación de la violencia en Irlanda del Norte. Se trataba de una pieza casi experimental en la que cámara sigue a distintos personajes, sin que el espectador sepa si estos van a ser víctimas o perpetradores de un asesinato. Más de una década después, Gus Van Sant trasladó la propuesta estética de Clarke a los pasillos de un instituto norteamericano donde tiene lugar una masacre. En los dos casos, lo que pesa es el punto de vista. Algo similar ocurre en It Follows, de David Robert Mitchell, en la que la adolescente Jay intenta escapar de una suerte de maldición. Después de un encuentro sexual, el chico con el que Jay se ha acostado le cuenta que le ha pasado algo, y que una cosa la perseguirá con la intención de matarla. Esta cosa, ese it del título que no se sabe qué es, puede tomar la forma de una persona, de un amigo o familiar o de un desconocido. Se inicia así una carrera hacia la desconfianza que sólo terminará si Jay se acuesta con otra persona.

Como en la película de Clarke, It Follows trabaja esencialmente sobre el punto de vista. Mitchell presenta a Jay flotando en una balsa, en el patio de su casa. La joven mira las nubes, luego un bichito que tiene en el brazo. Es decir, deja claro que aquí lo que importa es qué se ve.

En un momento en que el terror se sustenta sobre el susto y sobre el efecto especial, Mitchell vuelve a la época dorada del género a partir de una puesta en escena sugerente, al estilo del mejor cine de John Carpenter. La cámara avanza por las calles de los suburbios de la devastada ciudad de Detroit. Los sintetizadores de Disasterpeace contribuyen a crear una atmósfera de desconfianza. La iluminación es tenue, como si el relato aconteciera eminentemente en el alba, cuando el día se levanta y la amenaza sigue ahí.
Más allá de la estética impecable de It Follows, destaca su discurso. Algunos han querido ver una crítica al libertinaje sexual en relación a las enfermedades de transmisión sexual. Yo no puedo más que alinearme con el crítico de The Guardian Peter Bradshaw cuando escribe que en realidad lo que propone It Follows es que la maldición “sólo puede ser exorcizada si se tiene sexo con otra persona”. En este sentido, y más allá del debate, It Follows se erige en una película tan relevante y exquisita en su forma como reflexiva y audaz en su contenido.

A favor: El terror, más atmosférico que de sustos.

En contra: Que se intente dar una lectura conservadora de su contenido.

Violeta Kovacsics (sensacine.com)


CRÍTICA 2: 'It follows', la nueva joya del cine de terror.

Hace ya un tiempo os comentaba que 'Expediente Warren: The Conjuring' me había parecido la mejor película de terror de los últimos años y tuve que esperar hasta este pasado mes de enero para que 'Babadook' me hiciera dudar sobre tal afirmación. Y es que es cierto que es un género que sigue dándonos obras interesantes, pero hace demasiado que ninguna cinta de terror consigue impactarme como debería hacerlo y lo que realmente valoro es que sean o no una buena película.

No tenía demasiadas esperanzas en que 'It Follows', la última sensación del cine de terror americano, fuera el título que pudiera cambiar esa inexistencia de títulos que realmente consiguieran mantenerme en tensión e incomodarme en mi butaca. Me alegra poder decir que me equivocaba, ya que se trata de una joya del cine de terror que todo amante del género debería ver y también es mi película favorita de lo que llevamos de 2015.

'It Follows', el terror no tiene forma


Aquellos que hayan echado un vistazo a la premisa argumental de 'It Follows' -Un extraño ser que pudiera adquirir la forma humana que quiera acecha a alguien hasta acabar con él y la única forma de darle esquinazo es acostarte con otra persona y que esta consiga sobrevivir, ya que de lo contrario volverá a por ti- después de lo que he comentado en el párrafo anterior seguramente estén pensando en que suena un tanto ridículo y que casi podría ser la base de una película porno, pero no os dejéis engañar por las apariencias, ya que no deja de ser el reflejo de un temor primario y la clave está en la forma de utilizarlo.

Reducir 'It Follows' a la suma de otras películas sería un error, pero he de confesar que durante muchos momentos no dejaba de pensar en las escenas de acecho de Michael Myers a sus futuras víctimas durante el segundo acto de 'La noche de Halloween' (Halloween). De hecho, David Robert Mitchell, su director y guionista, refuerza esa sensación presentando el pueblo en el que sucede la acción como un paraje solitario con un ambiente ligeramente enrarecido que predispone al espectador a estar esperando a que suceda algo, siendo ahí clave la utilización de la banda sonora.

Una vez presentadas las bases de la historia, Mitchell sigue incidiendo en ello a través de su predilección por los planos abiertos y las tomas largas que van creando de forma sencilla pero efectiva un clima de amenaza constante por la posibilidad de que el monstruo haga acto de presencia, algo que sabemos que va a suceder tarde o temprano. Todo ello tiene una primera consecuencia digna de elogio, y es que 'It Follows' rehuye los sustos gratuitos pensados para conseguir un sobresalto por parte de los espectadores más impresionables, pues únicamente recuerdo un momento que podría ser calificado como tal.

Todo encaja en su lugar


Una de las claves para conseguir una atmósfera consistente que convierte su tono pausado en una incuestionable virtud es que el equipo técnico con el que ha contado Mitchell realiza un trabajo magistral para dar un aire atemporal al relato, introduciendo elementos característicos de varias épocas, con una mayor predilección por los años 70 y 80, que dan más fuerza a una historia que abraza abiertamente y que desarrolla con milimétrica precisión, algo que incluso se percibe en la colorimetría de la película.

Como resultado de todo ello, la inmersión que consigue por parte del espectador llega a ser total y nos hace estar en todo momento en estado de alerta ante la posible aparición de un monstruo que, como bien nos dice la propia película, es lento pero no estúpido. Lo mejor de todo es que el guión de Mitchell tampoco tiene que hacer mucho esfuerzo para que su utilización tenga todo el sentido dentro del universo creado por 'It Follows' y la evolución argumental sea lógico, incluso cuando los protagonistas toman alguna decisión que podría calificarse como estúpida, ya que no es una mera consecuencia de sus desesperación ante el hecho de no saber qué hacer para salir adelante.

Además, Mitchell juega con varios conceptos interesantes en su guión, siendo hasta cierto punto comprensible que muchos espectadores quieran ver en 'It Follows' una recuperación del -un poco reduccionista- mensaje asociado a los slashers de que el sexo equivale a la muerte, pero hay más posibles lecturas y lo realmente importante es que su responsable sabe manejarlo e integrarlo en una historia que mezcla una constante e implacable persecución con una calma incómoda que le viene de fábula.

El fenomenal trabajo de Maika Monroe


Sin embargo, concederle todo el mérito a Mitchell y su equipo técnico sería un error, ya que 'It Follows' bajaría muchos enteros si no contase con la excelente interpretación de Maika Monroe, que ya había estado muy bien en 'The Guest', pero que aquí es la pieza que faltaba para terminar de construir una gran película de terror. Es obvio que el uso de la cámara de Mitchell es básico para potenciarlo, pero la increíble mezcla de inocencia, vulnerabilidad y al mismo tiempo ser capaz de transmitir suficiente fuerza como para valerse por sí misma.

La actuación de Monroe va mejorando encima más y más según avanza el metraje, transmitiendo con su lenguaje no verbal la sensación de desesperación y una angustia similar a la que los espectadores podemos estar sufriendo. Ella es la gran estrella de un reparto que funciona muy bien en sus papeles, pero que queda un poco empequeñecido en comparación a lo que ella nos ofrece. Lógico que ya haya dado el salto al mundo de los blockbuster, donde sólo espero que sepan aprovechar bien a alguien de su talento.

En definitiva, 'It Follows' es la mejor película de terror de los últimos años y también lo mejor que se ha estrenado en España durante lo que llevamos de 2015, y es que todo funciona con brillantez, desde la cuidada puesta en escena hasta la magnífica actuación de su protagonista. Eso sí, lo mejor de todo es que realmente crea incomodidad y hasta logró asustarme en varios momentos, algo especialmente complicado, por lo que os recomendaría ir este mismo viernes al cine para pasar un estupendo mal rato con ella.

Mikel Zorrilla (blogdecine.com)