sábado, 20 de abril de 2013

Alguien Voló sobre el Nido del Cuco (1975)

CURSO 2012 - 2013. SESIÓN 4

Título original: One Flew over the Cuckoo's Nest.
Fecha de Emisión: 26 de Abril de 2013, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros de la comunidad educativa del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo del Dr. Jorge Plaja Rustein, psiquiatra infanto-juvenil del Hospital de La Palma.

                                             


SINOPSIS

Randle McMurphy (Jack Nicholson), un violador de espíritu libre, que vive contracorriente, es recluido en un hospital psiquiátrico. La inflexible disciplina del centro acentúa su contagiosa tendencia al desorden, que acabará desencadenando una guerra entre los pacientes y el personal de la clínica con la fría y severa enfermera Ratched (Louise Fletcher) a la cabeza. La suerte de cada paciente del pabellón está en juego.


TRÁILER





CRÍTICA

Las adaptaciones de buenas obras literarias al cine son una apuesta arriesgada por el difícil reto de igualar e incluso superar un texto que de por sí ya es de gran calidad. En el caso de Alguien voló sobre el nido del cuco, llevada a la gran pantalla por el realizador de origen checoslovaco Milos Forman en el año 1975, el punto de partida fue la novela que el escritor de la famosa Generación beat americana Ken Kesey escribió en plena década de los agitados sesenta, y que se convirtió, quizás impulsada por el éxito posterior de su adaptación al cine, en un canto de rebeldía contra cualquier sistema social que oprimiese la libertad de sus individuos.

La historia narra la estancia de Randle McMurphy (Jack Nicholson) en un manicomio, tras haber conseguido zafarse de los trabajos forzosos en una institución penitenciaria haciéndose pasar por loco, permitiéndole así, según parece creer, poder llevar una reclusión más agradable. En su nueva "prisión", McMurphy conocerá a sus compañeros internos, unos seres que intentan resistir en un lugar en el que se sienten protegidos y alejados de una sociedad que los rechaza por su condición diferente de la mayoría y que los margina como seres indeseables para el sistema. Pero la realidad es muy diferente, y lejos de vivir felices y distantes en su estado de alienación protector (la mayoría de pacientes, -como más tarde descubrirá McMurphy- están recluidos en la institución de manera voluntaria), estos seres siguen igualmente sometidos al yugo de un sistema que en este caso tiene sus límites en las paredes del manicomio, cuyo gran dictador máximo estará personificado en la figura de la enfermera-jefe, la Srta. Ratched (Louise Fletcher). Ésta, tras una pétrea máscara de falsa dulzura y comprensión, somete cruelmente a estos hombres dentro de unas normas que no son más que la extensión de ese mundo exterior que los rechaza y olvida. Entre ellos, MacMurphy entabla especial relación con un enorme hombre de raza india, al que todos llaman el Jefe Bromden quien, como descubrirá más tarde McMurphy, finge ser sordomudo para conseguir el aislamiento total del mundo que le rodea.

                                  

Randle entrará en este sistema como revulsivo hacia esas normas. Con su carácter inconformista y rebelde, tratará de mejorar sus condiciones de internamiento y las de sus compañeros, despertando en ellos la reflexión sobre sus vidas y sus derechos, pero propiciando a cambio la horrible represión de su actitud, que conseguirá anularlo definitivamente y someterlo a las condiciones que el sistema establece.

El guión, escrito por Bo Goldman, fue encargado por Saul Zentz y Michael Douglas, quien decidió llevar a cabo el anterior proyecto de su padre, que ya había comprado los derechos y lo había adaptado al teatro en años anteriores. Para el papel de McMurphy, protagonista indiscutible del film, se intentó primero contratar a Gene Hackman y a Marlon Brando, pero tras sus respectivos rechazos, se pensó en Jack Nicholson, que ya se estaba consagrando como estrella tras éxitos anteriores como Easy Ryder (Ídem, 1969. Dennis Hopper) o Chinatown (Ídem, 1974. Roman Polanski) y que consiguió con su interpretación uno de los mejores papeles de toda su carrera, por el que obtuvo un merecido Óscar. Para el papel de la enfermera Ratched, y también tras los rechazos de actrices como Angela Landsbury o la mismísima Joan Crawford, se contó con una casi desconocida Louise Fletcher, otro de los grandes aciertos del film (y otro de los óscars obtenidos), pues consiguió interpretar a la perfección a la pérfida enfermera. El personaje de Ratched, segura de su función, cree firmemente en que sus decisiones dictatoriales son por el bien de los enfermos, pero no hace más que ejercer de ejecutante de un sistema represivo que ella ayuda a imponer como anulación definitiva de una mentes que de alguna manera no están más enfermas que la suya propia. El elenco de actores escogidos para los papeles secundarios se basó en caras desconocidas en aquel entonces, pero que después encontraron en muchos casos un hueco de diversa importancia en la industria del cine. De entre ellos, el impresionante Will Sampson, en su papel de Gran Jefe Bromden; el entonces desconocido Danny De Vito, que interpreta a Martini y que consigue lograr una de los papeles más creíbles y sobrecogedores de entre todos los del reparto, Christopher Lloyd como Taber, tristemente más recordado por sus viajes al futuro junto a Michael J.Fox que por sus grandes actuaciones o Vincent Schiavelli como Frederickson, inconfundible por su imponente y extraño físico. Otros, como William Redfield en el papel de Harding, y que tenía mucho más peso e importancia en la novela, o como Brad Dourif, el reciente "lengua de Serpiente" de la entrega de El Señor de los anillos: Las dos torres (The lord of the rings: The two towers, 2002. Peter Jackson), no son tan recordados por el público, aunque sus interpretaciones son también impecables.

                                 

El rodaje se llevó a cabo en un hospital psiquiátrico, la institución Estatal de Oregón, y el reparto estuvo durante diez días literalmente encerrado entre esas cuatro paredes, conviviendo con enfermos reales y asistiendo incluso a terapias de grupo para entender mejor la vida de esas personas. Los actores dormían en celdas individuales, y ensayaban constantemente los diálogos del guión, mientras Forman los filmaba sin parar. Todo ello propició el sobrecogedor aire de realismo que respira la cinta. La frialdad del espacio, la sensación de desesperación y de soledad en la que se mueven los personajes, contrasta violentamente con la única escena que se desarrolla fuera del psiquiátrico, en la que McMurphy escapa con sus compañeros para pasar un día pescando, uno de las dos únicos momentos de libertad total del que podrán disfrutar (el otro será la alocada juerga que montan a escondidas una noche).

A Ken Kesey, autor del libro, no le gustó la versión que hicieron Douglas y Zaentz, basándose en su descontento por la elección de un Nicholson que a su entender no casaba para nada con su personaje literario. Efectivamente, Nicholson era diferente al McMurphy del libro, menos rudo y reflexivo, aunque curiosamente, llegó a ser tan creíble, que incluso en muchos casos superó sobradamente a su homónimo literario. La novela fue alterada en muchos aspectos, aunque en todo momento quedó respetada su verdadera esencia. El cambio más radical lo supuso el personaje del indio Bromden. En la novela éste narra los hechos en primera persona, descubriendo al lector sus pensamientos y su treta de engañar a todo el mundo con su silencio fingido. Este hecho hace muy interesante el libro, puesto que permite sumergir al lector en la psicología de un enfermo mental, y descubrirle que tras un demente siempre existe un ser humano, tanto o más cuerdo que mucha gente considerada normal. El Bromden literario comunica sus temores al lector, pero éste recurso, sin duda muy interesante y rico a nivel literario, es del todo imposible en el medio fílmico. El cine no cuenta con los mismos recursos narrativos que posee la literatura, y trasladar a la pantalla una narración en primera persona sería un hecho poco menos que imposible. Por otro lado, el descubrimiento al inicio del secreto de Bromden por parte del espectador le habría hecho perder el interés por una historia que él mismo desea ir descubriendo a través de los hechos. Lo mejor de todo es que Bo Goldman, en su adaptación, y pese a los necesarios cambios, consigue transmitir la misma fuerza que nos llega a través de la novela. Bromden ve en McMurphy a una víctima del sistema. Por su valentía y su rebeldía, el indio lo admira profundamente, pero desconfía de su triunfo, pues le recuerda a la triste historia de su padre (un jefe indio al que las autoridades obligaron a vender sus tierras, arrebatándole el único sentido a su vida), a quien el sistema consiguió vencer dejando simplemente que se autodestruyera hasta morir. Bromden encuentra gracias a McMurphy el valor necesario para huir y retomar su vida, pero su decisión llega demasiado tarde, y McMurphy, fiel a sus compañeros y renunciando a su posibilidad de escape por ellos, acaba doblegado irremediablemente a través de electro-shocks y una definitiva lobotomía. Randle muere a manos de Bromden, aunque su muerte es tan sólo física y la única victoria ante el sistema que ha asesinado su mente. Pero ésta no será inútil, pues Bromden decide entonces liberarse y escapar a una nueva vida, lejos de ataduras y represiones sociales.

La película impactó enormemente por su agria visión de la sociedad y su crítica a cualquier sistema de poder que anule la libertad del ser humano. En una época en la que la reivindicación de los derechos individuales estaba a la orden del día, no fue de extrañar que una historia tan cruda sacudiese a la opinión pública. Ganadora de cinco merecidos premios de la Academia, la adaptación realizada por Forman, excelente director con un talento indiscutible, quedará en la mente de todos como uno de los casos más conmovedores de lo que el cine de denuncia social puede y deber provocar: una reflexión sobre los no siempre acertados mecanismos de convivencia social que todos aceptamos como válidos, aunque se basen en muchos casos en el rechazo a lo diferente y el aislamiento de cualquier conducta que se salga de unas estrictas normas de las que, por activa o por pasiva, todos somos responsables.

Susanna Farré. (miradasdecine.net)

viernes, 8 de marzo de 2013

La Muerte de un Burócrata (1966)

CURSO 2012 - 2013. SESIÓN 3

Título original: La Muerte de un Burócrata.
Fecha de Emisión: 15 de Marzo de 2013, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros de la comunidad educativa del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo de José Aníbal Campos.



SINOPSIS

Un obrero ejemplar es enterrado con su carnet laboral en reconocimiento a sus méritos, pero su viuda no puede cobrar la pensión sin ese documento. El sobrino del difunto vive alucinantes aventuras para recuperar el carnet de la tumba de su tío.


TRÁILER





CRÍTICAS

CRÍTICA 1



Una de las ventajas de ser guionista es que, cuando alguien te fastidia, puedes utilizar la venganza poética para liberar sentimientos negativos y fobias varias. Eso es lo que hizo el cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996) en su cuarto largometraje “La Muerte de un Burócrata” en 1966. Según él mismo confesara años más tarde:


“Decidí hacer esta película a partir de una experiencia personal. Puede sucederle a cualquiera. Me vi de pronto atrapado en los laberintos de la burocracia a partir de unos problemas muy simples y elementales que quise resolver. Perdí mucho tiempo en eso y decidí hacer justicia por mis propias manos. Pensándolo bien –me dije- mejor hago una película y así me evito líos con la policía. […] Creo que muy pocos burócratas se reconocieron como tales ante el filme. Seguramente se reían, eso sí, de los otros burócratas, los que ellos mismos han tenido que padecer en alguna ocasión”.

Más allá de la anecdótica “venganza” de Tomás G. Alea, “La Muerte de un Burócrata” es una divertidísima comedia negra para el espectador y una tragedia para el protagonista, que se va hundiendo en una historia kafkiana y repleta de situaciones absurdas durante los 85 minutos que dura el filme.


Para delicia de los cinéfilos, Tomás Gutiérrez Alea rinde homenaje a sus cineastas favoritos y hace guiños a escenas y situaciones de películas de Luis Buñuel (Un Perro Andaluz), Harold Lloyd (la escena del reloj de Safety Last), Buster Keaton (transformando las “guerras de tartas” en “guerras de coronas mortuorias”), Charles Chaplin (Tiempos Modernos), las peleas de Laurel y Hardy… Lo que constituye un aliciente extra para decidirse a ver “La Muerte de un Burócrata”, un clásico del cine en español.

Entrevista de Garry Crowdus a Tomás G. Alea. Nueva York, 1979. (reflexionesdeguonista.blogspot.com)

CRÍTICA 2


" [...] sabroso, desprejuiciado, corrosivo, que hace reverdecer la tradición del viejo e ilustre cine cómico (sobre todo, norteamericano), y la pone al servicio de una causa sagrada, la cual tiene, en los países socialistas, un particular fundamento crítico." Aggeo Savioli, L´Unità, Roma, 1966. "Es una película de un cineasta que sabe hacer locuras. Hay alusiones directas a todo tipo de realizadores, desde Buñuel hasta Laurel y Hardy. La comedia abarca desde la farsa campesina hasta los porrazos de Sennet y algunos tipos más sutiles de comedia y de sátira. En conjunto, el tono viene a caer entre Berlanga y Buñuel, pero lo asombroso es la destreza con que Gutiérrez Alea incorpora todas las influencias en un todo único y logrado. Es sin duda el primer director, en los últimos cuarenta años, que haya podido presentar en gran escala los pasteles de crema y los porrazos."
David Robinson, Financial Times. Londres, 1969. 
(masquecine8.galeon.com)

CRÍTICA 3

"Tomás Gutiérrez Alea ha trabajado minuciosamente esta historia sencilla, universal en sus planteamientos (¿quién no se ha visto envuelto alguna vez en la madeja de la burocracia?), con el irritante burocratismo como tema; el resultado es un viaje hilarante por territorios serios, manejado con maravilloso equilibrio por este gran director." 


Norma Mclain Stoop, After Dark. Nueva York, 1978.
(masquecine8.galeon.com)

CRÍTICA 4

"Una vez más la burocracia ocupa su lugar, esta vez en una Cuba revolucionaria donde por lo visto no sólo han mejorado la sociedad, sino que además están dispuestos a admitir que todavía hay que dar algunos pasos en ese largo camino hacia la perfección."


Archer Winston, The New York Post. Nueva York, 1979.
(masquecine8.galeon.com)

CRÍTICA 5

"Esta película, terminada en 1966 -dos años antes de que el mismo director realizara su extraordinaria Memorias del subdesarrollo-, es tanto cine de autor como una sátira social. [...] Alea se las ha arreglado, con notable maestría, para armar una comedia cuya gracia lunática sostiene bien el reto." 


Vincent Canby, The New York Times. Nueva York, 1979.
(masquecine8.galeon.com)




sábado, 16 de febrero de 2013

Tiempos Modernos (1936)

CURSO 2012 - 2013. SESIÓN 2

Título original: Modern Times.
Fecha de emisión: 22 de Febrero de 2013, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros de la comunidad educativa del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.



SINOPSIS

Extenuado por el frenético ritmo de la cadena de montaje, un obrero metalúrgico acaba perdiendo la razón. Después de recuperarse en un hospital, sale y es encarcelado por participar en una manifestación en la que se encontraba por casualidad. En la cárcel, también sin pretenderlo, ayuda a controlar un motín, gracias a lo cual queda en libertad. Una vez fuera, reemprende la lucha por la supervivencia en compañía de una joven huérfana a la que conoce en la calle.


TRÁILER




CRÍTICA

Tiempos modernos es una historia de un tipo que trabaja en una fábrica en condiciones infrahumanas y un buen día se vuelve loco y la deformación profesional le lleva a asustar a las señoras por la calle con una llave inglesa aunque él, eso sí, cree realizar su trabajo. Después de una temporada en el manicomio es detenido por encabezar una revuelta comunista y en la cárcel monta un altercado tras consumir cocaína. Al salir de presidio comienza un romance al límite con una menor. Se emborracha con un excompañero de trabajo y los delincuentes que le acompañan y termina de nuevo con sus huesos entre rejas. Una vez más sale de prisión y consigue reintegrarse en la sociedad en un trabajo no muy diferente del que tenía al principio. En un desgraciado incidente está a punto de matar a su jefe. Ya fuera del trabajo, el protagonista es nuevamente recluido tras atacar a un agente de la autoridad tirándole un ladrillo a la cabeza. Una vez vuelve a la calle, su excesivamente joven amante le tiene reservado un trabajo en un restaurante como camarero y cantante pero cuando todo parece ir de perlas, la autoridad viene a detener a la muchacha por vagabundear (con lo bonito que es, al menos cuando lo canta Serrat), y tienen que huir a marchas forzadas.


¿Un film a cuatro manos entre Ken Loach y Guy Ritchie? ¿Gaspar Noé y León de Aranoa? Frío, frío. Es una película dirigida únicamente por Charles Chaplin en 1936, justo en medio de la gran depresión, y sorprendentemente nuestra sociedad actual, en medio de otra gran crisis, no parece haber evolucionado demasiado en todo este tiempo. No sería correcto decir que Chaplin era un visionario, porque lo que el cuenta en esta película es una ficción construida en torno a lo que existía ya en las calles en aquel momento. Por supuesto, aunque el resumen expuesto arriba es exactamente lo que sucede en la película, el punto de vista del personaje probablemente sería otro. En pocas palabras, es un obrero con mala suerte.

La primera incursión de Chaplin en el cine sonoro (al que no terminaba de ver con buenos ojos), aunque solo de forma parcial (en esencia se trata de una peli muda exceptuando el número musical donde el director-actor-guionista canta ininteligiblemente y pequeñas líneas de algunos personajes secundarios sobre todo al comienzo) fue una visión crítica de la sociedad capitalista y las consecuencias de esta que terminan siendo sufridas por el pueblo. Como digo, las similitudes con nuestra sociedad actual son escalofriantes ya que nos hacen plantearnos si se ha evolucionado positivamente algo en más de siete décadas.



En aquellos complicados años treinta, tantos y tantos obreros con mala suerte se veían representados en la pantalla y a la vez, como no, encontraban un respiro cómico en los grandiosos sketchs donde Chaplin conseguía tomarse totalmente a cachondeo cosas tan serias como las que se han comentado en el primer párrafo y también un final abierto a la esperanza, que tiene que ser lo último que se pierda.

A través de pequeñas set pieces encadenadas el director de Luces de la ciudad (City Lights, 1931) aprovecha para críticar todos los males que encuentra en esa sociedad consumida por la crisis, y como digo, siempre encontrando ese hueco para el humor. Así, al comienzo, en la secuencia de la fábrica carga contra la exageración de la industrialización en busca de la mayor productividad con aquella máquina que intenta dar de comer a los trabajadores mientras siguen manos a la obra, o ese jefe que cada pocos minutos acelera el ritmo de la cadena de producción con el consecuente sobreesfuerzo que tienen que realizar los trabajadores y que deriva en el obrero protagonista apretando las botonaduras de los escotes de las señoras como si de tuercas se tratase. El ritmo narrativo que consigue Chaplin de esta forma es algo portentoso que muy pocos han podido igualar después con los años y el humor que emplea no se restringe al gag puramente visual, que lo tiene (por ejemplo cuando Chaplin entra en esa casa que es una ruina y se empieza a desmoronar por partes, preferentemente encima suyo), sino que también toca otros palos: hay gags que funcionan gracias a la exageración (el camarero que tarda varios minutos en recorrer el camino desde la cocina a la mesa, inmerso en un mar de parejas bailando que le llevan de un lado a otro, con el consiguiente cabreo del cliente; también la citada máquina de comer), otros se basan en el reflejo de situaciones cotidianas (como un silencio incómodo interrumpido por unos sonidos gástricos) e incluso en el absurdo (como cuando su jefe queda atrapado en los engranajes de la máquina y Chaplin interrumpe la misión de salvamento cuando suena la sirena del almuerzo y comienza a alimentar a duras penas al pobre hombre)

Tiempos modernos es una historia sobre la industria, sobre la iniciativa individual, la cruzada de la humanidad en busca de la felicidad. Pero esto ya lo dicen al principio. Lo mejor es verlo por uno mismo. Como dice la locución que presenta a la máquina de comer (en el fondo una defensa del cine mudo), una imagen vale más que mil palabras.


Sergio Vargas. (miradasdecine.net)

viernes, 1 de febrero de 2013

Presentación

INTRODUCCIÓN:

La premura con la que salió el blog la misma semana en que comenzaba el Aula de Cine impidió que colocásemos como primera entrada la que ahora publicamos:

"AULA DE CINE CME"

OBJETIVOS:

     1.Iniciar al alumnado en el lenguaje audiovisual y cinematográfico: uso expresivo del plano, montaje, composición, ángulos y movimientos de cámara, fotografía, guión, puesta en escena, interpretación y banda sonora.
     2.Estimular en el alumnado actitudes críticas al posicionarse ante los temas abordados en los films y las perspectivas adoptadas por los directores.
     3.Iniciar al alumnado en la práctica del videofórum como herramienta de estudio y análisis crítico de las obras cinematográficas
     4.Difundir la obra de los grandes maestros de la historia del cine.
     5.Educar la mirada y la sensibilidad estética.
     6.Fomentar el disfrute del cine más allá del mero espectáculo de entretenimiento masivo, entendiendo el cine como una forma de expresión artística.

ALUMNADO IMPLICADO:

    Todo el alumnado matriculado en el centro además del conjunto de la comunidad educativa del mismo. Sin embargo, dadas las características de las películas a proyectar, las sesiones están recomendadas especialmente para el alumnado del 2º ciclo de la ESO y de Bachillerato.

PROFESORADO IMPLICADO:

    Roberto Cabrera González (Departamento de Filosofía)

DESCRIPCIÓN:

     El Aula de Cine consiste en la proyección gratuita un viernes de cada mes, a las 5 de la tarde, en el salón de actos del Instituto de una película de especial interés artístico y temático para al alumnado que será discutida con posterioridad siguiendo el esquema del video-fórum.
El alumnado participante asiste con carácter voluntario y participará en el debate final. La intención es, pues, divulgativa y formativa.

     Por lo que respecta a la Ley de la Propiedad Intelectual, el centro efectuará el pago de las correspondientes licencias para exhibición pública de las películas tanto a la Sociedad General de Autores de España (SGAE) como a la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales (EGEDA).

miércoles, 23 de enero de 2013

El Gran Lebowski (1998)

CURSO 2012-2013. SESIÓN 1

Título original: The Big Lebowski.
Fecha de emisión: 25 de Enero de 2013, a las 17:00 horas.
Lugar: Salón de Actos del I.E.S. Cándido Marante Expósito.
Entrada gratuita. Proyección exclusiva para los miembros de la comunidad educativa del I.E.S. Cándido Marante Expósito. Largometraje expuesto en VO con subtítulos en español.
Presentación a cargo de Roberto A. Cabrera.




SINOPSIS

El Nota (Jeff Bridges), un vago que vive en Los Ángeles, un día es confundido por un par de matones con el millonario Jeff Lebowski, con quien sólo comparte apellido. Después de que orinen en su alfombra, el Nota inicia la búsqueda de El Gran Lebowski. De su encuentro surgirá un trato: el Nota recibirá una recompensa si consigue encontrar a la mujer del magnate.


TRÁILER



CRÍTICA

                               
Justo cuando surgen tímidos e infundados rumores de una posible secuela de ‘El gran Lebowski’, que los propios hermanos Coen han desmentido, nuestra sección de Críticas a la carta encuentra en este título su nueva entrega. Curiosa película, tremendamente popular y elevada a los altares de la veneración, cuyo ensalzamiento se produce después del discreto estreno del film. Y calificada incluso de ser la primera película que Internet ayuda a convertir precisamente en una obra de culto.

Y es que esta comedia satírica y divertida confirmó el talento de los Coen para la comedia alocada, para narrar una historia sin mucho aliciente y conseguir momentos brillantes. Aunque el mayor acierto, más allá del análisis crítico de la sociedad que destila ‘El gran Lebowski’, son sus personajes. ‘El gran Lebowski’ no sería lo que es sin el “Nota” (o “Dude” en su versión original). Y en ello tuvo mucho que ver la composición de Jeff Bridges como protagonista, sin olvidarnos de sus compañeros de bolera.

El guión de esta película es anterior a ‘Fargo’, con la que los hermanos Coen alcanzaron un status de prestigio, y es de agradecer que supieran esperar para tener en el cast a Jeff Bridges, John Goodman y el propio Steve Buscemi. Tres actores encargados de darle vida a unos personajes sobresalientes. Aunque quizás, el papel de Buscemi sea el que menos presencia e importancia contiene en la historia, aunque es una buena réplica en las excelentes escenas de la bolera, donde los diálogos suponen la esencia misma del film.
‘El gran Lebowski’: extraña, divertida y generacional

Los Coen consiguen con esta película el retrato de una generación, pero también de unos personajes reales, estrambóticos que reflejan en buena medida el carácter excéntrico (y alocado) de la sociedad norteamericana, especialmente en la ciudad de Los Ángeles, el escenario donde está magníficamente ambientada. Lebowski, o mejor “Dude”, como siempre insiste en ser nombrado, es también el reflejo de ese espíritu abandonado, lejos del gran sueño americano y en el que se arrastra el legado de un pasado de drogas, música y daños colaterales mentales de Vietnam. Todo ello combinado con el culto al pasotismo, a intentar subsistir, a toda costa aunque se esté conscientemente nada preparado para cualquier intento de éxito.


                                el gran lebowski 2

Es una película extraña, donde la narración de la historia, de sobra conocida, fluye con una voz narradora con personaje presente, que intenta hilar la trama, aunque sin demasiada convicción. Pero poco importa. Porque “Dude” siempre improvisa e intenta salir como puede de cada situación en la que se ve inmerso sin haberlo buscado. Es el fiel reflejo de la resistencia pasiva. Aquí los Coen demuestran un enorme dominio del relato a base de escenas brillantes, que sin embargo rompe el hilo conductor y les cuesta cerrarlo. De hecho la conclusión es algo decepcionante. Pero poco importa, puesto que han logrado eso tan importante que es entretener y, sobre todo, desprender química con unos personajes a los que se le coge cariño, con los que empatizar, comprender y uno quiere abrazar.

‘El gran Lebowski’ está repleto de referencias, de imágenes, gags que la convierten en una comedia única. Hilarante por momentos y en el se aprecia un gran libertad creativa justificada con una inspiración elevada. Si no fuera así, no tendría mucho sentido la inclusión de esos nihilistas alemanes, de las referencias musicales tan dispares (de la electrónica a los Eagles), de alfombras voladoras, de exitosos guionistas de televisión que sobreviven artificialmente, de engaños a dos bandas, de jugadores de bolos con hambre de humillación (inolvidable el breve papel de John Turturro), de tributo-crítica a los judíos o de escenas oníricas de musical.

                             
Todos estos elementos, y muchos más que salpican todo el universo de el “Nota” y sus amigos, consiguen conformar un comedia salvaje, irreverente, ácida, divertida. Esencial en la filmografía de los Coen y bandera para una generación que se identifica con esos antihéroes sin motivación existencial. Cuyo único cometido es disfrutar de su principal afición y charlar para encontrar justificación a los errores cotidianos. Muy bien reflejados en las escenas de la bolera, donde los diálogos están salpicados de vulgaridades, pero que reflejan a la perfección el día a día de personaje socialmente marginados.

Y a la hora de reflejar este peculiar escenario de Los Ángeles, la película contiene también dos pilares esenciales que consiguen elevar aún más el resultado global. Uno es su excelente (y ecléctica) banda sonora, que mezcla la partitura del habitual Carter Burwell con temas clásicos y dispares, que contienen desde Bob Dylan a Elvis Costello, o la acertada (y apropiada a la escena) adaptación del ‘Hotel California’ por los Gipsy Kings. El otro pilar es la excelente fotografía de Roger Deakins. Que consigue sacar un enorme rendimiento a las escenas más emblemáticas (incluido el poderoso sueño musical).

Jesús León. (blogdecine.com)